Artículo de Ignacio Álvarez-Ossorio Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La incógnita argelina

A pesar del creciente malestar, el gobierno español sigue considerando al país vecino como un “socio fiable” y descarta la interrupción del flujo de hidrocarburos

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Frontera de Argelia y Marruecos.

Frontera de Argelia y Marruecos.

Con nocturnidad y alevosía, el gobierno español ha claudicado ante Marruecos en la cuestión del Sáhara. Para la historia de la infamia quedará la carta de garantías que el presidente Pedro Sánchez envió a Rabat en la que reconocía “la iniciativa marroquí de autonomía como la base más seria, realista y creíble” para la resolución del conflicto, lo que implica abandonar a su suerte a la antigua colonia española y al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.

A pesar de la relevancia de este paso, que además rompe con uno de los tradicionales consensos de la política exterior española, todavía seguimos esperando respuestas a numerosas preguntas. ¿Qué ha obtenido España a cambio? ¿Frenará Marruecos los flujos migratorios y renunciará a sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla? ¿Estaba Argelia informada de la decisión? ¿Adoptará Argel represalias contra España, sobre todo en el terreno energético? En definitiva, ¿contribuirá esta decisión a estabilizar la frontera sur o, por el contrario, desencadenará nuevas turbulencias?

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Pese a la gravedad de la situación, Argelia todavía no ha adoptado medidas enérgicas, más allá de la previsible llamada a consultas de su embajador. Debe tenerse en cuenta que Argelia ha sido en el pasado el principal suministrador de gas de España, aunque en los últimos años esta dependencia se ha reducido de manera notable. Si hace cinco años, las importaciones de gas argelino representaban la mitad del gas que consumíamos, hoy apenas alcanzan una cuarta parte. Las razones hay que buscarlas no solo en la actual crisis de Ucrania, sino en el cierre del gaseoducto Magreb-Europa que atravesaba el territorio marroquí el pasado 31 de octubre.

En este sentido, las pésimas relaciones entre Argel y Rabat han terminado pasando factura a España. En agosto de 2021, Argelia rompió sus relaciones diplomáticas con Marruecos después de varios años de desencuentros y con la cuestión saharaui como principal, pero no único, motivo de controversia. Las tensiones entre dichos países magrebíes no son nuevas, ya que arrancan con la independencia argelina en 1962 y se agravan con la ocupación marroquí del Sáhara en 1975. Desde entonces, Argel se han distinguido como el principal respaldo del Frente Polisario y ha acogido en su territorio a miles de saharauis, repartidos en los campamentos de Tinduf donde malviven 175.000 refugiados. Antes de abandonar la Casa Blanca, el presidente Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara a cambio de que Marruecos normalizase sus relaciones con Israel. La gota que desbordó el vaso fue el empleo por Marruecos del programa israelí Pegasus para espiar a diferentes responsables del régimen argelino.

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A pesar del creciente malestar de nuestro vecino, el gobierno español sigue considerando a Argelia como un “socio fiable” y descarta la interrupción del flujo de hidrocarburos. España es el segundo importador de gas y el quinto de petróleo de Argelia. Solo en 2021, nuestro vecino ingresó 4.300 millones de euros por la venta de hidrocarburos a nuestro país. De hecho, las exportaciones de petróleo y gas representan el 60% de los ingresos del país magrebí. Gracias a ellas puede garantizar el funcionamiento de una economía rentista y comprar cierta paz social por medio de la subvención de productos de primera necesidad como el pan, el azúcar o el aceite.

No obstante, en el horizonte se vislumbran tormentas. Aunque Europa ha sido el principal socio comercial de Argelia desde su independencia, en los últimos años se aprecia un cambio de tendencia con la irrupción en escena de China y Rusia. Como es sabido, China necesita hidrocarburos para que su milagro económico no se frene, lo que le ha llevado a fortalecer sus relaciones con Argelia hasta convertirse, en la actualidad, en el principal exportador de productos al país magrebí por delante de Francia, la antigua metrópoli. También Rusia ha fortalecido sus relaciones con el país magrebí, al que le une un acuerdo de asociación estratégica desde 2001. De hecho, Argelia se ha convertido en uno de los principales compradores de armamento ruso, solo por detrás de India y China, lo que representa una pésima noticia para la Unión Europea.