Feminismo Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Empoderamiento y la sororidad: palabras fetiche del feminismo

Siempre queda bien decirlas aunque, en verdad, ni se sepan de qué van. Y, en otras ocasiones, son útiles para justificar incluso planteamientos que están muy alejados del feminismo

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Manifestación feminista del 8-M en Barcelona, en 2020

Manifestación feminista del 8-M en Barcelona, en 2020

Dentro del feminismo hay una especie de palabras comodín. Siempre queda bien decirlas aunque, en verdad, ni se sepan de qué van. Y, en otras ocasiones, son útiles para justificar incluso planteamientos que están muy alejados del feminismo. La ausencia de memoria histórica sobre el origen del movimiento lleva a que se intente vaciarlo de contenido, para que todo entre dentro de él. De esta manera, el feminismo pasa a ser una marca, una estrategia, que se usa cuando viene mejor y a cualquier precio para salvarse. 

Sin agenda feminista no hay rumbo. Y, cuando no hay rumbo, el negacionismo crece, porque en lugar de encontrar un bloque unido se encuentra uno fragmentado donde cada cual mira por un interés propio. Y eso no significa que se te expulse de ningún sitio, porque el feminismo no da carnet, pero una cosa es eso y, otra, interpretarlo a tu manera. Si yo digo que soy ecologista pero defiendo en una manifestación el uso del transporte privado o si me declaro sindicalista y luego pido la jornada laboral de 10 horas al día, todo el mundo reaccionaría de forma rápida ante esa incongruencia, pero con el feminismo no ocurre porque conviene mantener esa confusión. 

Todo eso se ve de forma fácil en determinados debates encendidos en redes sociales, que pueden ir desde cualquier personaje de la prensa rosa en televisión a la final de la gala del Benidorm Fest. Una de esas palabras es la de 'empoderamiento'. Nació dentro del feminismo en la conferencia de Nairobi de 1985, como la estrategia para que las mujeres tuvieran el acceso y control de los recursos materiales (propiedad, tierra, agua…) e intelectuales (educación) para poder conseguir sus derechos. El plan de acción concretó “eliminar aquellos obstáculos que impiden la participación de las mujeres”, para alcanzar una “igualdad de derechos”.  

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¿Por qué hay mujeres que, fuera de nuestras fronteras, tienen que seguir peleando por tener una casa propia, estudiar o trabajar? Porque la igualdad no existe. ¿Por qué aquí tenemos que seguir defendiendo la ley del aborto o de la libertad sexual? Porque la igualdad no existe. Empoderar es que la mujer sea consciente de sus derechos para estar en igualdad de condiciones respecto a los derechos de la otra mitad del mundo, los hombres. 

Empoderar no tiene nada que ver con comprar una camiseta, defender la regulación de la prostitución o con cantar que un hombre te mantenga. Porque la ropa que te pongas no te va a dar más derechos, prostituirte no hará tener más poder social y que un hombre te mantenga te hará una dependiente económica y emocional. Empoderar permite a toda mujer ser independiente y consecuente con los derechos que puede alcanzar. Todo lo demás es intentar hacer caja o justificar. Y cuando tengas dudas, piensa qué le dirías a una mujer maltratada o violada para empoderarla. Todo lo que no puedas decirle en una situación así, no es empoderamiento.

La segunda palabra comodín, sobre todo, para silenciar debates, es la 'sororidad'. La teórica Marcela Lagarde la define como “la alianza feminista entre las mujeres para cambiar la vida y el mundo con un sentido justo y libertario”, para eliminar “todas las formas de opresión”. Y en uno de sus textos más célebres, aclara: “No se trata de concordar embelesadas por una fe, ni de coincidir en concepciones del mundo cerradas y obligatorias. Se trata de acordar de manera limitada y puntual algunas cosas con cada vez más mujeres”. 

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No usemos la sororidad para infantilizarnos y evitar que nuestras ideas sean cuestionadas. Esto de usar la sororidad como escudo para evitar cuestionar a otras mujeres es bastante antifeminista, porque si algo ha hecho el feminismo ha sido debatir entre nosotras. ¿Si una mujer agrede a otra tengo que justificarla por ser mujer? No. ¿Si una mujer favorece por su discurso que otras dependan de los hombres, debo callarme? No. ¿Si una política dice que en su programa reduce políticas públicas (que sostienen a las mujeres más pobres) o pide que se anule el derecho al aborto… me callo también? No. Podemos señalar a aquellas mujeres que agreden y que dañan la libertad de otras. 

En definitiva, feminismo es defender lo que hemos conquistado después de empoderarnos durante siglos. 

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