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Bancos: Quizás mayores pero no idiotas

La iniciativa de un médico jubilado lleva a Calviño a urgir a las entidades a tomar medidas para no excluir a las personas de más edad

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La vicepresidenta Nadia Calviño con los líderes de AEB, CECA y UNACC.

La vicepresidenta Nadia Calviño con los líderes de AEB, CECA y UNACC. / MINISTERIO DE ASUNTOS ECONÓMICOS

La tecnología debe servir para progresar y ser inclusiva. En los bancos, tras un proceso de integración, cierre de oficinas y digitalización acelerada, parece que han olvidado este principio esencial en un negocio dedicado a custodiar el dinero de la gente.

Ha tenido que dar el paso el médico jubilado Carlos San Juan, que se siente olvidado y excluído, como muchos de sus coetáneos que quieren realizar cualquier sencilla gestión financiera, para despertar conciencias. O ¿acaso nadie entiende que una persona mayor se angustie cuando para algo tan simple como sacar dinero se ve obligada a pedir ayuda?

"Tengo 78 años y me siento apartado por los bancos [...] Se han olvidado de las personas mayores como yo", asegura el promotor de esta iniciativa que ha logrado ya más de 240.000 firmas a través de Change.org, dirigiéndose a los bancos y al Banco de España, el supervisor del sistema. Por ahora ha recogido el testigo la vicepresidenta y ministra de Economía, Nadia Calviño, que reunió el jueves de urgencia a las tres patronales bancarias (AEB, CECA y UNACC) y les dio un mes para tomar medidas para la inclusión financiera de los mayores.

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Esperemos que este movimiento no sean solo fuegos de artificio como cuando criticó los salarios de los directivos de la banca en pleno auge de los despidos masivos en el sector ¿Y el Banco de España? ¿No tiene nada que decir aparte de publicar algunos estudios que constatan este proceso? No solo estamos ante la exclusión masiva de un porcentaje creciente de la población sino ante la desertización bancaria en muchas zonas rurales o menos pobladas.

Como todo negocio, los bancos deben adaptarse a las necesidades de TODOS sus clientes. Compatibilizar eficiencia y buen servicio. No es ser demagógico o maniqueo defender que el promotor de la campaña "soy viejo, no idiota" tiene bastante (mucha) razón y que hay que atender su petición. En esencia, solo persigue poder valerse por sí mismo -¿quién no?-, porque quizás sea viejo (mejor, mayor), pero hay que evitar que se sienta excluido.