Libertad condicional

Propósitos del Año Nuevo

3
Se lee en minutos
Vivimos en una sociedad que condena a muchas personas a la soledad. 

Vivimos en una sociedad que condena a muchas personas a la soledad. 

En nuestra cultura, el día 31 de diciembre pedimos 12 deseos y tragamos 12 uvas. En las anglosajonas y sajonas no hay uvas en Nochevieja. Tampoco hay Nochevieja, sino Víspera de Año Nuevo. Y tampoco hay deseos. Hay resoluciones o propósitos.

Nosotros, sin embargo, pedimos deseos: esperamos que la magia actúe por si sola y nos traiga aquello que pedimos, a cambio simplemente de jugarnos la vida ante la posibilidad de que nos atragantemos con una pepita de uva. Los anglosajones, calvinistas ellos, redactan propósitos: creen que la suerte es de quien se la trabaja y que, por lo tanto, hay que plantearse un propósito si se quiere obtener un fin.

Los investigadores anglosajones cifran el 1 de enero como el día con más suicidios del año. Quizá esto tenga que ver con el ejercicio que hacen de escribir sus propósitos y resoluciones.

Hay quien dice que la escritura terapéutica tiene un efecto iatrogénico (aquel que consigue exactamente lo opuesto a lo que buscaba): escribir sobre los propios traumas en ocasiones no ayuda a resolverlos, sino que hace deprimir más todavía más a la persona que escribe sobre ellos. ¿No sería un ejemplo de efecto iatrogénico el de quien escribe propósitos de Año Nuevo y empieza a sospechar que nunca los realizará?

Soledad

Cuánta gente se propondrá cada primero de año hacer más deporte, dejar de fumar, llamar más a la familia, viajar, ahorrar, buscar pareja, cambiar de trabajo... sabiendo que es francamente difícil que el año acabe habiendo alcanzado el propósito que se había planteado.

 Y cuánta gente pedirá deseos sin esperanza, íntimamente convencidos de antemano de que no se cumplirán.

Según algunos investigadores, el 1 de enero es el día con más suicidios del año. Si ese dato es cierto, quizá la razón estribe en que vivimos en una sociedad que condena a muchas personas a la soledad. En antiguas estructuras precapitalistas, de pueblos pequeños y comunidades unidas, era desusado y llamativo que una persona viviera sola. Las parejas no se divorciaban y las familias tendían a ser extensas. Varias generaciones convivían en una misma casa, ya fuera un cortijo andaluz o una granja en Idaho, y ni en el uno ni en la otra los abuelos se quedaban solos, ni los nietos tenían que ir a buscar trabajo a miles de kilómetros de distancia, ni existía el divorcio.

Pero ahora vivimos en una sociedad distinta en la que mucha gente puede pasar una Nochevieja completamente solo o sola, tal como viven el resto de sus noches. Y el resto de sus noches no les parecen tan duras, pero esa en particular son aterradoramente conscientes de su soledad cuando escuchan a su alrededor música, cantos, risas, el susurro de las bengalas, cuando caen en la cuenta de que ellos no comparten la cena con nadie.

Esperanza

Quizá esa persona que cena sola sea la que piense que ya no merece la pena pedir deseos o escribir resoluciones, si ninguna fuerza superior se los va a conceder, o si ya no le quedan fuerzas para cumplirlos.

Noticias relacionadas

En estas fechas, el Teléfono de la Esperanza está haciendo una campaña en redes para recordar que, antes de tirar la toalla, se atrevan a llamar al 717003717. Porque saben que muchas veces se toma una decisión irreversible cuando uno se enreda en sus propias rumiaciones y no tiene a un interlocutor que se muestre como un espejo para devolverle una imagen real. Para recordarle que la gran mayoría de los malos momentos en esta vida son pasajeros y que en realidad casi nadie se queda sin deseos que acariciar o sin propósitos a los que aspirar. A veces nos parece que sí, pero es el cansancio que nos está engañando. Y ese cansancio distorsiona la realidad.

Yo le aseguro a usted que me lee que en el año que empieza algún deseo se cumplirá, incluso alguno que usted ni siquiera había formulado, y alguno de sus propósitos alcanzará su resultado, aunque solo sea el propósito de haber llegado hasta el final del 2022, para poder volver a escribir en el principio del 2023 una lista de resoluciones que sabe usted que no cumplirá