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En Catalunya nos la jugamos

El entremezclar de temas que acaban en la amenaza de reventar la tramitación de Presupuestos es una mala noticia, porque no se dañaría al Gobierno, sino a las oportunidades de todos los catalanes y catalanas

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Miembros del Gobierno y diputados socialistas aplauden a María Jesús Montero al final de la votación de los Presupuestos Generales del Estado para el 2022, el 25 de noviembre.

Miembros del Gobierno y diputados socialistas aplauden a María Jesús Montero al final de la votación de los Presupuestos Generales del Estado para el 2022, el 25 de noviembre. / Jose Luis Roca

Los Presupuestos Generales de España de 2022 pasaron el trámite inicial de aprobación en el Congreso hace pocos días y se encuentran en plena tramitación en el Senado. El trabajo intenso de los grupos parlamentarios, podríamos decir, dio sus frutos. 

Para Catalunya fue un buen trámite parlamentario, el grupo parlamentario socialista nos esforzamos para que así pudiera ser. Las distintas negociaciones permitieron que hablemos hoy de unos de los presupuestos más generosos con nuestra tierra. Mérito de muchos y esfuerzo de otros tantos, como casi todo lo bueno en la política.

Catalunya será recipiendaria de numerosos fondos procedentes de partidas generales y de significativos emolumentos a cuenta del bono cultural juvenil o del programa de vivienda, por ejemplo, llegando en conjunto al 19% del PIB y dando cumplimiento así, por segundo Presupuesto consecutivo, con lo observado en la disposición adicional tercera del Estatut d’Autonomia.

Además a todo ello debemos sumar, por ejemplo, la cocapitalidad cultural de Barcelona con una inversión para nuestros equipamientos culturales de 20 millones de euros y por supuesto, también, las enmiendas transaccionadas entre el grupo socialista y los grupos de Esquerra y PDECat, por valor de 83 millones de euros.

Todos esos millones de euros no son solo dinero, son oportunidades para una Catalunya, que después de más de diez años de ‘procés’, ha visto como ya no es la próspera región industrializada que solía ser. Estos Presupuestos pueden y deben ser el pie en pared que nos permita recuperar la situación previa al desbarajuste y desorientación políticos y estratégicos que vivimos. 

Mucho hemos perdido por el olvido de nuestros gobernantes de aquello que se debe hacer cuando se tiene una palanca tan importante como el poder de determinar los Presupuestos de España.

Catalunya es ese lugar en el que se lamenta todo el mundo de no hacer lo que los vascos en la negociación de Presupuestos mientras se demoniza el ‘peix al cove’ como ejercicio de colaboracionismo. Hemos demonizado el negociar, el entenderse, el conseguir el máximo posible para nuestra tierra por miedo, por terror, a tener que reconocer que España trata bien a Catalunya, como es en realidad, pues somos -o deberíamos ser- punta de lanza de la economía común.

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Por eso, en un año que parecía que volvíamos a ir un poco bien como catalanes, que volvíamos a tener como prioridad común el atajar toda oportunidad que estos Presupuestos nos ofrecieran, el entremezclar de temas que acaban en la amenaza de reventar la tramitación de Presupuestos es una mala noticia. Porque no se dañaría al Gobierno, se dañaría a Catalunya, y peor todavía, a las oportunidades de todos los catalanes y catalanas, que necesitamos más que nunca en los últimos diez nefastos años de parón político. Los catalanes y catalanas hemos visto el tren, no creo que estemos dispuestos a dejarlo pasar, las oportunidades para nuestra economía, para nuestros jóvenes y para nuestro futuro van en él. Todos los parlamentarios y parlamentarias catalanas tenemos esa responsabilidad compartida.