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¿Seguro que queremos calidad turística en Barcelona?

No prohibir los hogares compartidos por días nos abocaría a consecuencias nefastas para la ciudad y sus vecinos

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La Rambla, vestida de Navidad, este sábado por la tarde.

La Rambla, vestida de Navidad, este sábado por la tarde. / Manu Mitru

Disculpen el título de este artículo, pero con el debate sobre los hogares compartidos en la ciudad de Barcelona ha llegado el tiempo de definirse y posicionarse junto al ‘sí’ o al ‘no’ a la hora de contestar esta pregunta. Y al referirme a esta modalidad vaya por adelantado que no me refiero al alquiler convencional de estas habitaciones que se ha hecho siempre por largas estancias, como por ejemplo a los estudiantes, por periodos de más de 31 días. 

Volviendo a mi pregunta, mi respuesta es clara. Sí quiero un turismo y una actividad de primerísima calidad para la ciudad de Barcelona. Y por este motivo, estoy plenamente de acuerdo con la prohibición en la ciudad de esta nueva modalidad reconocida por la Generalitat de Catalunya en su último decreto de turismo

No hacerlo nos abocaría sin ningún tipo de dudas a consecuencias nefastas para la ciudad, sus vecinos y, precisamente, para el mantenimiento de la calidad de su actividad turística, que ya vivimos en el pasado cuando se regularon los pisos turísticos de forma calamitosa.

Estas consecuencias tienen nombre y apellido, como por ejemplo, graves afectaciones al acceso a la vivienda en Barcelona; la proliferación de problemas de coexistencia y convivencia entre los turistas que ocupan estos pisos o habitaciones y los vecinos que residen allí; la proliferación de grupos organizados que desarrollan la actividad comercial de estos alojamientos y que tendrán la fórmula para blanquear los pisos turísticos ilegales o una oscura e incontrolable precariedad laboral asociada a la actividad de estos.

Todo ello desemboca irreversiblemente en un rechazo general del vecino a la actividad turística, pues acaba relacionando todo aquello que puede estar vinculado a esta industria y le imputa la misma responsabilidad (todo al mismo saco).

Paradójicamente, la calidad turística está en boca de todo el mundo. Es la premisa más deseada y prometida. La que centra cualquier estrategia de las administraciones. Pero algo claramente no encaja en todos estos planteamientos. Me explicaré con un ejemplo muy claro. Hace poco la ciudad rechazó un proyecto hotelero de lujo magnífico. Potente a nivel internacional. Que hubiera atraído a un perfil de turista de un altísimo poder adquisitivo. Que hubiera revitalizado y potenciado comercial y socialmente de forma extraordinaria su entorno. La ciudad se lo sacó de encima sin prácticamente debate ni tapujos.

En cambio, el debate nos lo hemos reservado para los hogares compartidos. Un modelo que se justifica en buena medida con un discurso oportunista, centrado en las posibilidades económicas que ofrece a los particulares que comercializan su hogar para llegar a final de mes. Un modelo que antes de nacer ya ha servido para ocultar la ilegalidad de los pisos turísticos que operaban sin permiso en la ciudad y, con el cual, las mafias se frotan las manos (las cifras no engañan: hasta 7.000 pisos turísticos ilegales se han transformado en hogar compartido). Un modelo que aboca a la desnaturalización de los barrios, a la carencia de vivienda y de alquiler, a la desaparición del comercio local y autóctono y, a la generación de problemas de seguridad y convivencia.

Tal como decía. La premisa es la calidad turística, pero las acciones no son nada coincidentes con esta. 

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Por otro lado, hace falta que no olvidemos que nos encontramos ante un fenómeno global. La incorporación de más destinos internacionales (hasta 36) a la última reunión del Global Reformbnb Forum, movimiento impulsado en 2018 por las entidades hoteleras de Nueva York, Barcelona, París y Buenos Aires con el objetivo de desarrollar proyectos conjuntos e intercambiar ideas estratégicas con el fin de promover reglas más exigentes en el ámbito de la comercialización de pisos turísticos, denota un gran interés mundial para establecer un marco regulador más restrictivo sobre estos.

En fin. Es hora de posicionarse. Y aquellos que apuesten por el fomento de la calidad turística en Barcelona tendrán claro que hay que prohibir los hogares compartidos en la ciudad.