Violencia de género Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Violencias machistas y el compromiso de los medios de comunicación

A menudo, el sentido de la inmediatez pesa demasiado. Abordar periodísticamente el tema de las violencias machistas no requiere ser el primero sino ser el medio que lo explica mejor

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Cadena humana de mujeres contra la violencia machista en Barcelona, el pasado 22 de noviembre.

Cadena humana de mujeres contra la violencia machista en Barcelona, el pasado 22 de noviembre. / Toni Albir (EFE)

Hace unos pocos días conmemoramos el 25 de noviembre, día internacional para la erradicación de las violencias contra las mujeres. Cada año encontramos en los medios múltiples artículos, reportajes, etcétera, sobre la cuestión. Este año no ha sido una excepción. Lamentablemente, ha coincidido en el tiempo con algunos casos muy graves de violencias sexuales o juicios en curso. El análisis sobre cómo se han tratado estas situaciones en los medios junto con la interesante mesa redonda promovida por la 'conselleria' de Feminismes i Igualtat acerca del abordaje de la violencia en los medios me ha llevado a algunas reflexiones que quisiera compartir. 

Soy psicóloga social especialista en violencias machistas y género y me relaciono regularmente con los contextos periodísticos. Intento cada día entender sus claves, sus necesidades y aprender cual es la mejor forma de comunicar los mensajes. Estos aprendizajes me permiten, por un lado, hacer autocrítica sobre cómo nos aproximamos comunicativamente a la audiencia las profesionales de la intervención en violencias machistas, pero a la vez me permite hacer algunas sugerencias al mundo periodístico. Por un lado considero que nosotras, las profesionales del ámbito, debemos mejorar en nuestro esfuerzo por explicar de forma sencilla y didáctica algunas ideas que a menudo son muy complejas y que nos han comportado muchos años de estudio, de profesión y de vida, mirando el mundo con nuestras gafas lilas. Palabras a menudo muy técnicas o ideológicas que, o no se entienden, o generan en ocasiones rechazo. Es importante encontrar códigos lingüísticos y experiencias vitales compartidas que faciliten la comprensión y la empatía con las personas que nos ven y/o leen. 

Por otro lado, en cuanto a los medios de comunicación, diría que a menudo el sentido de la inmediatez pesa demasiado. Abordar periodísticamente el tema de las violencias machistas no requiere ser el primero sino ser el medio que lo explica mejor. Mejor quiere decir centrando el foco en lo relevante socialmente, estar bien asesorad@ por personas expertas en la temática y empatizar con el dolor de las personas afectadas; esto significa, sobre todo, entender lo que puede suponer para las mujeres -en el presente y en el futuro- tener su vida expuesta permanentemente en la red. 

Al hilo de la mesa redonda sobre medios de comunicación que he comentado al inicio observo cómo existe una voluntad clara entre los medios por 'hacer las cosas bien', pero faltan herramientas. Una de las herramientas clave sería poner en diálogo dos 'mundos profesionales'. La colaboración entre periodistas y expertas en violencias machistas. Y no me refiero solamente a incluir en las piezas periodísticas las voces expertas que apoyen las noticias -práctica que, afortunadamente, ya está consolidada-, sino que debemos ir un paso más allá, estableciendo mecanismos de asesoramiento mutuo sobre cuál es la mejor manera de transmitir mensajes a los lectores, oyentes, etcétera (a partir de las noticias concretas y de espacios más generales de reflexión). Por ejemplo, asesorándonos sobre cuándo es un buen momento para hablar con víctimas y/o familiares o, por otro lado, hacer algunas concesiones en la ortodoxia conceptual en pro de conectar con la audiencia. Así mismo, también sería importante escuchar a las mujeres y a otras personas que han sufrido o sufren violencia machista, pero no en calidad de testimonios directos que ilustran la noticia sino con el fin de entender los impactos de la difusión de las noticias sobre la violencia en sus vidas.

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Hay que tomar conciencia de la responsabilidad social que tenemos todos los agentes sociales que, por una razón u otra, disponemos de un altavoz que nos permite cambiar imaginarios, ayudar a comprender el carácter estructural de las violencias machistas y entender la situación por la que pasan las víctimas directas. Cuando hablamos de algo tan conceptual como la violencia estructural debemos sentirnos interpeladas. Salir de nuestras lógicas corporativas y abrirnos a la colaboración estable. Estamos obligadas a dialogar de continuo, porque es desde este diálogo y aprendizaje mutuo desde donde emergerán códigos comunicativos compartidos que permitirán dar un salto cualitativo.