Educación Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Hacen falta bibliotecas escolares

Regalarle un libro a un crío cuando cumple seis años o diez o quince, da igual, si antes y después no se ha hecho con él un trabajo constante y especializado

1
Se lee en minutos
Vértigo libresco.

Vértigo libresco. / Gerd Altmann (Pixabay)

“Los grandes temas universales son siempre los mismos y si el alumno tiene las herramientas para comprender la buena literatura, la literatura de calidad se vende sola; no hace falta hacer aspavientos ni cosas de dinamización”, lo decía hace unos días Júlia Baena, bibliotecaria, en el programa que 'Ciutat Maragda', de Catalunya Ràdio, dedicó a las bibliotecas escolares.

En el mismo programa se hablaba de lo importante que era que todo el mundo saliera de la escuela con un cierto nivel de habilidad lectora, igual que hay que salir de ahí sabiendo multiplicar, por ejemplo. También se comentaba cómo las bibliotecas escolares están abandonadas, en muchos casos: la misma Baena daba datos de bibliotecas llevadas por padres y madres voluntarios, por falta de personal cualificado de la misma escuela, y eso si no las habían cerrado ya.

Cuando se habla de bibliotecas escolares, suelen pasar dos cosas: una, que el tono siempre es de queja agónica; y dos, que no se dice nada que no sepa ya todo el mundo. ¿Quién no sabe que no se nace sabiendo leer y que leer no es conocer simplemente cómo se ligan las letras para acabar formando frases que significan cosas? Que hay diferentes niveles de lectura y hace falta una cierta formación para entender y disfrutar textos más complicados es una cosa que todos sabemos desde el momento en el que entramos en una librería y pedimos un libro para un niño de ocho años, no de siete ni de nueve: de ocho. Pero ¿quién nos proporciona esta formación?

Noticias relacionadas

No todos leemos en casa y, aunque lo hiciéramos, no llegaríamos a todo o no tendríamos tiempo para estar pendientes de lo que leen o cómo leen nuestros hijos o, incluso, nosotros mismos no tendríamos la formación para entender según qué lecturas…

Las bibliotecas escolares son necesarias. Y las bibliotecarias, también. Regalarle un libro a un crío cuando cumple seis años o diez o quince, da igual, si antes y después no se ha hecho con él un trabajo constante y especializado, entra en la categoría de aspaviento que Baena explicaba en 'Ciutat Maragda': no sirve para nada.