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Veranos con Georgie

Georgie Dann había registrado 303 títulos, de los cuales más de 30 aparecieron para alegrar el tiempo de sol, playa, sangría y fiesta mayor. Y cada uno de ellos se convirtió en su canción del verano. Época para la que creó inalterablemente un tema, desde finales de los sesenta hasta 2018

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Veranos con Georgie

Neima Pidal

Hubo un tiempo en el que la canción del verano tenía tanto éxito popular como detractores clasistas. Solo que estos tampoco podían evitar tararearla o lanzarse a la pista de baile cuando sonaba la fácil melodía por poco sentido del ritmo que tuvieran. Y qué decir de cómo se animaban bodas, bautizos, comuniones, entoldados o verbenas al escuchar sus primeras notas. Seguro que, en la memoria, cada uno guarda más de las que admite reconocer públicamente, porque podía ser tan políticamente incorrecto sumarse a la tendencia simplona como ahora lo serían algunas de sus letras. 

Aunque el título nunca fue concedido por organismo oficial alguno, era la voz popular la que determinaba sus preferencias estivales especialmente a través de programas de radio que, fomentando la participación de sus oyentes, elevaban a categoría honorífica lo que en realidad orientaban los sellos discográficos. Había mucha pugna comercial y todavía más dinero en juego como ha certificado la Sociedad General de Autores a la hora de repartir los beneficios de los derechos por difusión. Y así hemos sabido que el compositor de 'Catatschok,' 'El bimbó', 'Carnaval- carnaval', 'El negro no puede', 'La barbacoa' o 'El chiringuito' había registrado 303 títulos, de los cuales más de 30 aparecieron para alegrar el tiempo de sol, playa, sangría y fiesta mayor. Y cada uno de ellos se convirtió en su canción del verano. Época para la que creó inalterablemente un tema, desde finales de los sesenta hasta 2018 . 

Este es el legado que nos deja Georgie Dann (Georges Mayer Dahan. París 14 de enero de 1940/Madrid 3 de noviembre de 2021). Un músico de conservatorio, saxofonista profesional y diplomado en Magisterio, que tenía el jazz de Stan Getz como su gran referente y a Gene Vincent, el del famoso 'Be-Bob-a-Lula', como la leyenda que le brindó su primera gran oportunidad contratándole para una gira.  

Pero el tiempo no pasa en vano. Visionar hoy sus vídeos supone también evocar pantalones de campana, melena recortada, coreografías de bailarinas escasas de ropa y posturas provocativas, luces de colores, letras picantes equivalentes al cine español del destape y retroceder a una época de vino y rosas que, mientras a unos les hace enrojecer de vergüenza otros la asumen como la banda sonora de una historia personal, que podía hacer perfectamente compatible la pieza pegadiza del momento con la canción protesta o de compromiso social que precedió primero y acompañó después a la ansiada e incipiente democracia. Luego, siguió la cadencia porque como reza el Eclesiastés: “hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo”.

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Es significativo el eco que esta semana ha tenido entre nosotros la muerte de Georgie Dann. Tan amplias referencias demuestran que difícilmente dejó a nadie indiferente. Aunque fuera para denostarlo, etiquetarle de pachanguero o ridiculizar su estilo entre juguetón y hortera, lo que nos deja es el resultado de lo que él consideró un esfuerzo porque “para nada es algo que surge de la noche a la mañana. Tienes que llegar a la gente. Y no es fácil. Siempre tienes que hacer algo que sorprenda”. 

Y lo hace descubrir que versionó una canción del Serge Gainsbourg en la que, en 1969, se preguntaba pícaramente “por qué un pijama si te has de desnudar para volverte a vestir”. A la censura no le gustó. 

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