Pros y contras Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Jugar en una mesa

Hay una campaña en marcha que aboga para que este noble arte de sentarse y competir con fichas, recorridos, estrategias e inteligencia, de manera artesanal, presencial y vital, sea entendido como cultura

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Jóvenes jugando al juego de mesa Catan en Barcelona

Jóvenes jugando al juego de mesa Catan en Barcelona / ELISENDA PONS

El Gobierno español ha anunciado que los jóvenes de 18 años tendrán acceso, en 2022, a 400 euros para gastar en "productos culturales". Es una excelente noticia. El problema llega a la hora de definir 'cultura'. El ministro Miquel Iceta ya ha advertido que este dinero no servirá para ir a los toros, lo cual es muy loable. Y también se ha dicho que entrarán, aparte de los convencionales libros, cines, museos, teatros o música, los videojuegos. Quedan excluidos, sin embargo, los juegos de mesa.

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Hay una campaña en marcha, liderada por personas como Joaquim Dorca, que lleva más de treinta años en el asunto, que abogan para que este noble arte de sentarse y competir con fichas, recorridos, estrategias e inteligencia, de manera artesanal, presencial y vital, sea entendido como cultura. Es una industria sin subvenciones, sufren un IVA desmesurado y viven en el limbo del entretenimiento, enemigo al parecer del disfrute intelectual. Mucha gente, yo mismo, ha aprendido más de la condición humana en una mesa (compitiendo y compartiendo) que en decenas de libros mediocres. Y esto también se llama cultura, es decir, la posesión de un conocimiento que es fruto de una experiencia íntima y compartida.