Pros y contras Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Trastocados

La información se trufa de 'fake news'. Las redes, de odio. El ocio, de violencia. Lanzamos vivas a la libertad, y se cuelan los múltiples negacionismos. La credibilidad cotiza a la baja

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Botellón en la playa del Bogatell.

Botellón en la playa del Bogatell. / JORDI OTIX

40.000 jóvenes de botellón en Barcelona. Una multitud sin más ánimo que la diversión. Convocada por las redes sociales. Sin consignas ni colores. Las fuerzas del orden claramente desbordadas y, al final de la fiesta, navajazos y destrozos. Cometidos por una ínfima minoría, sí, pero que pervierte la noche. Todo tiene algo de locura. La impulsividad que mueve a la convocatoria, también la que despierta la violencia. 

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Hay más botellones. El consumo masivo, irreflexivo e impulsivo se extiende en todos los ámbitos. Tanto da si hablamos de política, de información, de opinión o de zapatillas de moda. Consumimos los mismos objetos o los mismos temas de forma generalizada, urgente y volátil. Ahora nos va la vida en A. Mañana en B. Consumimos sin límites de ningún tipo. ¿Qué era aquello del respeto al otro? La información se trufa de 'fake news'. Las redes, de odio. El ocio, de violencia. Lanzamos vivas a la libertad, y se cuelan los múltiples negacionismos. La credibilidad cotiza a la baja. En cada esquina, un gurú con frascos de creencias a medida, de efecto rápido e indoloro. Y, cuando paramos, ¿qué queda de todo ello? Demasiada fatiga. Demasiada ansiedad. Algo parecido a la infelicidad. Andamos trastocados. 

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