Salud mental Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Demonios en la cabeza

La decisión de Biles de abandonar Tokio 2020 pone de manifiesto el deterioro de la salud mental entre los más jóvenes

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Demonios en la cabeza

Photo by Loic VENANCE / AFP

Que callen. Que callen de una vez. Que dejen de gritar. No puede concentrarse. Solo las oye a ellas. Voces de lodo, pegajosas y sombrías. Voces sulfúricas, corrosivas e hirientes. Voces que exigen y, a la vez, anulan. Que enredan los pasos, que lastran los sueños. Que paralizan. Que someten. Son los demonios de la cabeza. Así los llamó Simone Biles, la rutilante gimnasta estadounidense de 24 años, al abandonar los Juegos de Tokio 2020. Ella, la mujer asombrosa, la admirada. El orgullo de los negros. El reflejo para todas aquellas sobrevivientes de abusos sexuales. Demasiado peso para sus hombros. Y ahora, un apunte más a su biografía: el valiente anuncio de sus problemas de salud mental. ¿Peso o alivio? 

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La decisión de Biles ha desatado reacciones a granel. Ha sido analizada y juzgada. Alabada por muchos. Tachada de débil por otros. La salud mental se está convirtiendo en un gravísimo problema social. En especial, para los más jóvenes. Ansiedad, depresión, trastornos de conducta… ¿Qué efectos ha tenido en ellos el anuncio de Biles? ¿Se han sentido acompañados o han sumado una frustración más? El abandono de Tokio 2020 es la constatación de que, definitivamente, no siempre se puede.

Es difícil saber qué conjunción de factores confluyen en el deterioro de la salud mental de tantos jóvenes. Está la pandemia, por supuesto. Pero hay más. Desde la ausencia de utopías potentes, colectivas y trasversales hasta la urgencia, la inmediatez que rige sus vidas. El mundo virtual ha creado parajes ignotos y ritmos de vértigo para los que aún no hay mapas ni metrónomos. La incertidumbre rige el horizonte. Una perspectiva donde la precariedad, el cambio climático o la soledad son sombras pegadas a sus pasos. Crecieron con el mantra del “todo es posible con voluntad” y, ahora, su recitado solo lleva a la perplejidad. Son juzgados y prejuzgados con normas obsoletas. Y no siempre saben cómo dejar de ser un producto en un inmenso escaparate. Demasiados infiernos para un cielo tan escaso.