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Crisis humanitaria en Cuba

La noticia que se lanzaba desde Cuba era que la incidencia del covid-19 se había controlado de forma satisfactoria, y era cierto, pero ese dato enmascaraba muchos otros dramas que ha experimentado la población, unos vinculados a la crisis sanitaria y otros no

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Policías antidisturbios patrullan por las calles de Arroyo Naranjo tras las manifestaciones contra el Gobierno de Miguel Díaz-Canel.

Policías antidisturbios patrullan por las calles de Arroyo Naranjo tras las manifestaciones contra el Gobierno de Miguel Díaz-Canel. / AFP / YAMIL LAGE

La gran noticia internacional de este julio ha sido la eclosión de protestas en toda Cuba. El evento empezó con una concentración de personas que reclamaban el suministro de la (tan publicitada) vacuna cubana contra el covid-19 y alimentos en San Antonio de los Baños, al suroeste de la capital. De la demanda de insumos se pasó a la exigencia de libertad y democracia, y desde esta localidad ubicada a 26 kilómetros de La Habana, se encendió el país. Gracias a las redes la protesta se hizo viral y en muchos barrios de Cuba la gente salió gritando “patria y vida” en alusión a la canción de protesta acuñada por los artistas de Gente de Zona.

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Sin embargo la gran noticia es otra, a saber, ¿cómo ha sobrevivido la población cubana durante el último año y medio? No es fácil responder la pregunta, sobre todo porque hasta hace poco la noticia que se lanzaba desde Cuba era que la incidencia del covid-19 se había controlado de forma satisfactoria. Eso era cierto, pero ese dato enmascaraba muchos otros dramas que ha experimentado la población, unos vinculados a la crisis sanitaria y otros no.

Entre los dramas relacionados con el covid-19 destacan el parón que experimentó el turismo, que es la gran fuente de divisas del país, y también el colapso de la ya maltrecha producción debido al estricto confinamiento dictado por el Gobierno. Todo ello en una economía que no tiene ahorros ni es objeto de crédito, y que ya no dispone del petróleo que antes proveía el –ahora también colapsado– Gobierno venezolano.

Respecto a los dramas ajenos a la pandemia –aunque se retroalimenten– destacan, por un lado, la decisión del Gobierno cubano de eliminar, el día 1 de enero de 2021, el peso cubano convertible (CUC) y dejar como única moneda el peso cubano. La desaparición del CUC supuso la prohibición de utilizar el dólar y, en consecuencia, aquellos que vivían de las remesas de los familiares que residen en el exterior se han quedado sin capacidad de compra, a la par que la economía ha experimentado un proceso inflacionario. Y por otro lado está el inmovilismo de la administración Biden respecto a Cuba, que no se ha movido ni un ápice de las políticas trazadas por Trump. Este elemento –la posición de Washington respecto de Cuba– ha frustrado profundamente al Gobierno de La Habana, que pensaba que con la vuelta de los demócratas a la Casa Blanca se recuperaría la política de Obama, que hizo pasos para relajar el bloqueo y cooperó económicamente con la isla.

La suma de lo expuesto, junto con el repunte inesperado en la incidencia de covid-19 (que se cobró 31 muertos en un solo día la semana anterior), ha derivado en el colapso de la administración y la falta de suministros. Muestra de ello es que a día de hoy el Gobierno cubano tiene una vacuna contra el covid-19 pero no puede administrarla por falta de capacidad logística y de jeringas. Es más, algunos amigos y conocidos cubanos me cuentan que es casi imposible encontrar pollo para comer en La Habana.

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Así las cosas –insisto– las preguntas son: ¿cómo ha resistido la población cubana durante el último año y medio? ¿Cómo resiste hoy el Gobierno? Y ¿qué perspectivas se vislumbran? Sobre la resistencia de la población se puede debatir sobre cuánto pesa la legitimidad heredada por parte del Gobierno (hoy sin ningún Castro en el poder) y cuánto hay de control social. En cualquier caso, los enfrentamientos en la calle entre los “contra” y los “pro”, el encarcelamiento de decenas de personas que protestaban y la caída de internet en la isla –desde la eclosión de las protestas hasta la fecha– dan cuenta de la frágil situación de las autoridades cubanas a día de hoy. La cuestión, sin embargo, es si la injerencia norteamericana supone –como casi siempre– el elemento aglutinador que puede dar cohesión al régimen y a sus partidarios.

Pero más allá de la ideología y la geopolítica, es urgente pensar cómo se puede vehicular ayuda humanitaria para la población cubana sin que esta sea instrumentalizada por unos o por otros.