APUNTE

El depósito de Pedri

Duelen las piernas de ver al canario jugarlo todo, pero ofrece siempre lo más imaginativo de la Roja

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Pedri, con España.

Pedri, con España. / EFE

El partido se le puso de bajada a España con la expulsión suiza (justita, rigurosilla) después de un espectáculo pastoso. No cumplió con la responsabilidad de marcar en superioridad y en los penaltis Don Simón mareó a los lanzadores helvéticos. Borrachera de alegría para el grupo juvenil amamantado por Luis Enrique. Ya en semifinales. Y en Wembley. Resulta refrescante el fútbol cuando suceden cosas impensadas. 

El entorno madridista que rodea y presiona a la selección, según descripción de Xavi Hernández, será el primer sorprendido. Este mosaico de futbolistas, con jugadores de aquí y allá pero ninguno del Madrid, se ha apiñado como una pandilla de barrio y se proyecta hacia la zona noble de la Eurocopa. Con unos litros de suerte, por supuesto. No es peyorativo: siempre es imprescindible en este tipo de campeonatos. Y se está ganando los favores negados de entrada, sobre todo desde la capital.

La migraña suiza

Jugó la Roja ante Suiza posiblemente el encuentro más insípido de esta Eurocopa, a ratos una lata considerable, pero aprendió a manejar la incertidumbre y competir sobre la marcha. De eso se trata. Esta generación que empezó con pinta de sub-21 ya se le adivina la barba. Ha superado avatares de distinto pelaje y sacó la cabeza pese a la migraña a la que le sometió Suiza. Sobrevivió a un buen contrincante sin estrellas. La excesiva cartulina roja, como se ha dicho al principio, cambió el color de la película.

Unai Simón y Álvaro Morata han concentrado la conversación alrededor de la selección, pero nadie refleja el cambio como Pedri, cuyo depósito parece inacabable. Benditos 18 años. Luis Enrique no le ha dejado saltarse más que un minuto. Más fe que a un santo. Comprensible. Como en otras citas, lo más imaginativo que se vio ayer de España, en un día de escasas musas en general, procedió del adolescente de Tegueste.

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Con un toque rompió líneas de tres, con un pase daba profundidad al lateral o el extremo. Y corre como un animal en peligro. En el minuto 108 presionó en la esquina contraria como si estuviera ventilado. Es un prodigio de una precocidad que cuesta de creer. ¿Pero es realmente inagotable su pozo? Que no se le rompa nada en los Juegos Olímpicos, a los que seguro se muere de ganas de ir. Un regalo para un niño. Cuesta negárselo, pese a que duelan las piernas de verle jugar tanto.

Jugar las semifinales de una Eurocopa, qué regalo también. Le están pasando aventuras increíbles en un solo año. El agigantado Unai y la precisión de los lanzadores en los penaltis convirtieron en una fiesta la espesa tarde para disfrute de Pedri y el cohesionado grupo de Luis Enrique. Sí, se ganaron una celebración con algo más que un Don Simón. 

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