OPINIÓN

Ana y Beatriz, periodistas

El documental 'Condenadas en Gaza' es un ejemplo de compromiso y del buen periodismo

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Ana Alba y Beatriz Lecumberri, en Gaza

Ana Alba y Beatriz Lecumberri, en Gaza / cedida

Un triste azar ha querido que el esperado homenaje a Ana Alba y la proyección del documental ‘Condenadas en Gaza’ que codirigió con Beatriz Lecumberri haya coincidido con una nueva escalada de violencia en esta parte del mundo que ha llevado de nuevo el enquistado conflicto de Oriente Próximo al primer plano de la actualidad. A golpe de bombazo, muertos y heridos y de edificios destruidos hemos vuelto a conectar con el dolor de dos millones de personas que viven -malviven- en condiciones que distan mucho de ser dignas. Así hastala firma del alto el fuego. Otro más, hasta que todo vuelva a empezar.

Ana estuvo 9 años viviendo y trabajando para este periódico en Jerusalén, entre 2011 y 2020. Beatriz vivió cinco entre 2014 y 2019, pero desde el 2002 había viajado y residido allí de forma intermitente. Con casco y un chaleco antibalas, cubrieron anteriores ofensivas israelís en la Franja, cuando Israel sí permitía el acceso de los periodistas internacionales, y nos contaron como las bombas destruían escuelas, mataban niños, diezmaban familias y las dejaban sin luz, sin agua, con sus viviendas reducidas a escombros. Y cuando las armas callaban, ellas volvían a Gaza, porque sabían que el sufrimiento de los gazatís no acababa con una tregua. Y no querían dejar de contarlo y denunciarlo.

Desde Jerusalén , las dos periodistas viajaron decenas de veces a la Franja. En las páginas de El Periódico y a lo largo de los años, Ana nos contó cuánta miseria se puede acumular en tan solo 360 kilómetros cuadrados . “Gaza es una cárcel al aire libre”, se lamentaba a menudo cuando se refería a ese implacable bloqueo israelí que desde el 2007 impide la salida y entrada de mercancías y personas, lo que le ha llevado a la total asfixia económica y a una explosiva situación social.

Fue en uno de sus viajes, en los que Beatriz conoció a una mujer enferma de cáncer a la que negaron el permiso de viajar a Israel para tratarse de la enfermedad, del que salió la idea de hacer con Ana el documental ‘Condenadas en Gaza’. Fueron dos años de desplazamientos, de escuchar, de de tomar notas, de rodar. Un trabajo impecable, casi de orfebrería, para que esas mujeres palestinas aceptaran a contar su historia a dos periodistas occidentales y ante una cámara, lo que no es nada fácil en una sociedad patriarcal y cerrada como la de Gaza.

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Solo desde un gran respeto y desde una gran empatía, con mucho tiempo y trabajo de campo, Ana y Beatriz consiguieron que mujeres como Nivín Habun o Hayar Harb les abrieran sus corazones. Es así como nacen las buenas historias. Es así como se hace buen periodismo. Es así como se sirve a la sociedad. Y al lado de esas mujeres que no podían tratarse de de la enfermedad que las hermanaba en ese infortunio que es el cáncer, Ana se sentía una privelegiada.

Ana trabajó hasta el último aliento en este documental. Al límite de sus fuerzas, viajó a Gaza varias veces. Nunca quiso abandonar. Se aferró a este proyecto con la misma pasión con la que se aferró al periodismo y a la vida. Hoy, su compromiso y la excelencia de su trabajo permanecen través de las imágenes de este documental, así como de los textos que escribió a lo largo de de su demasiado corta pero intensa carrera.