Manipulación

Teorías de la conspiración 1

Es muy probable que muchas sospechas sean aptas para la imaginación de conspiranoicos; sin embargo, probablemente también sean ciertas muchas conjeturas que la gente prefiere evitar creer

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Manifestación de negacionistas en Madrid, el 16 de agosto de 2020.

Manifestación de negacionistas en Madrid, el 16 de agosto de 2020. / Fernando Alvarado / EFE

Existe una corriente social por la cual creemos estar por la destrucción del hombre por el hombre, no a través de sistemas tradicionales ya conocidos, sino mediante el dominio mental, la manipulación, el engaño y el control de nuestras vidas. Las corrientes sociales, según se describe, son hechos inmateriales que influyen en el individuo y que carecen de una forma tangible.

A día de hoy, y dada la coyuntura actual, reparo en el nacimiento de una corriente de pensamiento que podríamos denominar como 'conspiracionismo'

A diario existen manifestaciones de personas de diversa cualificación que desde el ámbito científico, tecnológico o político, manifiestan sus sospechas acerca de la deriva tomada por la sociedad mundial a resultas de la aparición de este monstruo llamado internet, el motor principal, según los conspiracionistas, por el que se canaliza la gran manipulación a la que estamos sometidos. Se basa en una supuesta trama secreta formada por empresas muy poderosas a escala mundial, y por personas muy influyentes, lobis financieros, medios de comunicación y organizaciones, como el Foro de Davos o el club Bilderberg, que mueven los hilos del mundo, y cuyos líderes persiguen el objetivo de imponer, a largo plazo, un solo sistema político y económico mundial. En su libro 'El dominio mental', Pedro Baños dice que internet, “al ser la plataforma en la que se informa la mayor parte de la población, es el terreno ideal para sembrar información condicionada”. Eso es lo que ocurre.

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Las teorías conspiratorias empiezan como sospecha y se nutren de hechos difíciles de entender, como esta pandemia que estamos viviendo. Ahora hay voces que nos alertan del control mental y físico al que supuestamente estamos sometidos. Hay quien habla de chips en las vacunas, o quien, como Boris Johnson, nos advierte del peligro de estar controlados por Google las 24 horas del día. Es muy probable que muchas sospechas sean aptas para la imaginación de conspiranoicos; sin embargo, probablemente también sean ciertas muchas conjeturas que, en una sociedad tan influenciable como la actual, la gente prefiere evitar creer y escoge rechazar los valores perseguidos y castigados por los medios de comunicación. Porque muchos saben que autocensurarse es una forma de no ser excluidos socialmente.