La edad de platino de la conspiranoia

Manifestación negacionista en Madrid, en agosto del 2020.

Manifestación negacionista en Madrid, en agosto del 2020. / Javier Soriano (AFP)

  • La pandemia del coronavirus ha disparado el caudal de 'fake news' y relatos conspirativos, la mayoría propagados por las redes sociales

  • Los expertos vinculan este clima tóxico al momento de crisis que alimenta a la ultraderecha

Se lee en minutos

La pandemia del coronavirus es mentira. Las vacunas llevan chips para controlar a la población a través del 5G y otras están hechas con células de fetos abortados. El Partido Demócrata norteamericano esconde una red de pederastas. La toma de posesión de Joe Biden no ocurrió en directo, sino que estaba pregrabada. La Tierra es plana. Las mascarillas causan daños neuronales. La nieve de la tormenta 'Filomena' es de plástico.

Por exóticas y disparatadas que puedan parecer, estas afirmaciones circulan en este momento por la red, son explicadas y justificadas con todo lujo de detalle por supuestos expertos en vídeos y artículos con apariencia científica, y un volumen indefinido de personas de toda orden y condición las suscriben y comparten con el fervor de los conversos. No es un fenómeno nuevo. Hay teorías de la conspiración desde que el ser humano empezó a sentarse alrededor de una hoguera para buscarle explicaciones a lo que no entendía. Pero en los últimos tiempos parece haber más, o al menos hacen más ruido.

El bulo de la nieve de 'plástico' a cuento de 'Filomena'.

/ David Castro

Un año después del inicio de la pandemia, la sensación de respirar un aire cargado como nunca de bulos, 'fake news' y extravagantes relatos conspirativos se ha instalado en la población. Algunos son viejos clásicos del pensamiento conspiranoico, otros han emergido en los últimos meses en el clima de pavor e incertidumbre que ha sembrado el coronavirus. No hay nada como el miedo para acabar abrazando cualquier idea que permita conjurarlo.

¿Por qué creemos en conspiraciones? / ZML

El cuadro invita a ver el inicio de la segunda década del siglo XXI como la edad dorada de las teorías de la conspiración. Nunca antes el ser humano tuvo acceso a tanta información, pero tampoco se vio rodeado de tantas mentiras. Tampoco estas ideas estrafalarias fueron objeto de estudios tan sesudos como los que últimamente las analizan y desmontan.

Trolas de ayer y hoy

“Nerón hizo creer a los romanos que los cristianos habían prendido fuego a la ciudad. Más tarde, los cristianos quemaron en la hoguera a las brujas culpándolas de todos los males. Hitler convenció a Alemania de que los judíos causaron su derrota en la Primera Guerra Mundial, Stalin hizo lo mismo con los que consideraba 'enemigos del pueblo' y Franco se pasó la dictadura hablando de la amenaza del contubernio judeo-masónico. Más recientemente, en Estados Unidos sigue habiendo gente que cree que el 11-S lo organizó Bush y en España hay medios de que aún sostienen que hay una mano negra detrás del 11-M que no ha salido a la luz”.

"Detrás de cada teoría de la conspiración hay siempre alguien que sale ganando si ese constructo falso triunfa", considera el filósofo Alejandro M. Gallo

El doctor en filosofía -y comisario de la policía local de Gijón- Alejandro M. Gallo necesita tomar aliento para enumerar la retahíla de teorías de la conspiración que habitan en los libros de historia. De todas da cuenta en 'Crítica de la razón paranoide', el voluminoso estudio de 1.000 páginas que va a publicar en marzo y donde identifica los condimentos que nunca faltan en un buen relato conspirativo. "Afloran en tiempos de crisis y suelen ser aprovechadas por el poder para señalar a chivos expiatorios, o desde fuera del poder para justificar sus derrotas. Detrás de cada teoría de la conspiración hay siempre alguien que sale ganando si ese constructo falso triunfa", explica el analista.

Que los bulos no sean exclusivos del siglo XXI podría invitar al alivio, pero Gallo advierte: "Esto era así hasta que llegó internet. En el siglo XVIII, el abad Agustín Barruel necesitó años para extender el cuento de que la Revolución Francesa la habían orquestado los Iluminati, y su impacto fue limitado. Hoy, cualquier mentira puede recorrer el planeta entero en cuestión de horas. La edad de oro de las teorías conspirativas fue la Guerra Fría. Hoy vivimos la edad de platino".

Miguel Bosé, uno de los negacionistas de la vacuna contra el covid-19.

/ El Periódico

Las redes lo cambian todo

El término 'fake news' forma parte ya del habla de la calle, pero si bien las trolas son tan antiguas como el lenguaje, el anglicismo con el que hoy se suelen identificar a las noticias falsas está muy ligado a nuestro tiempo. Fue en 2004 cuando Craig Silverman, periodista de la plataforma de medios Buzzfeed, acuñó la expresión en el título de un estudio que publicó sobre la mentira, y en 2017 cuando el diccionario Collins la propuso como 'palabra del año'.

La popularización de las 'fake news' habría sido imposible sin el concurso de los actuales sistemas de comunicación digital. “Antes las noticias tenían su espacio y su tiempo. Ahora, la información llega a todas horas y por todos lados, sin control, y en ese alud siempre salen ganando los bulos. En las redes sociales, las narrativas falsas corren más y llegan más lejos que las verdaderas. Deseamos compartir lo que nos sorprende, aunque sea mentira”, explica el psicólogo Ramón Nogueras, autor del ensayo '¿Por qué creemos en mierdas?'.

"En YouTube se da el fenómeno 'madriguera de conejo': empiezas viendo vídeos de Trump y, en menos de cinco clics, estás viendo teorías conspirativas", señala el psicólogo Ramón Nogueras

Los algoritmos que dirigen el tráfico en las plataformas de comunicación aportan, además, un sesgo que fomenta la difusión de los relatos infundados. "En Youtube se da un fenómeno conocido como 'madriguera de conejo', que hace que empieces viendo vídeos de Trump y en menos de cinco clics estés viendo teorías conspirativas. Si en Facebook entras en una información de este tipo, tu 'timeline' se llena enseguida de historias parecidas", denuncia el periodista Marc Amorós, autor de '¿Por qué las 'fake news' nos joden la vida?', actualización de 2020 del estudio 'Fake news. La verdad de las noticias falsas', que publicó en 2018.

2020: Año de bulos

Que las épocas de crisis son proclives a la emergencia de las teorías conspirativas lo prueba el volumen que ha alcanzado la 'infodemia' -neologismo admitido para identificar la sobresaturación informativa sin contrastar que a veces padece la población- en los 12 meses que llevamos lidiando con el coronavirus. Nunca antes habíamos estado sometidos a semejante caudal de infundios, medias verdades o truculentas trolas como hemos visto y oído a cuento del virus, su tratamiento médico y la gestión gubernamental de la crisis sanitaria.

El portal Maldita.es, dedicado a denunciar bulos, ha llegado a contabilizar un millar de patrañas relacionadas con la pandemia

El portal Maldita.es, dedicado a denunciar bulos, ha llegado a contabilizar un millar de patrañas relacionadas con la pandemia. La mayoría fueron propagadas por las redes sociales, pero a veces contaron con el prestigio de autoridad que les aportaron algunos personajes conocidos. 2020 pasará a la historia como el año en que vimos a Miguel Bosé decir que "el coronavirus es la gran mentira de los gobiernos", al obispo Antonio Cañizares sostener que hay vacunas "fabricadas a base de células de fetos abortados", y al presidente de la Universidad Católica de Murcia, José Luis Mendoza, afirmar que "Bill Gates y George Soros quieren controlarnos poniendo un chip en las vacunas".

Yellowstone Wolf, miembro del movimiento QAnon que participó en el asalto al Capitolio.

/ Álex Segura (EFE)

En 2020, los hospitales donde la gente moría de covid, tuvieron que compartir callejero con manifestaciones de ciudadanos que niegan la existencia de la pandemia. "En las elecciones norteamericanas de 2020, el nivel de noticias falsas duplicó al de 2016, que ya estuvieron marcadas por las 'fake news'. Esto se nos está yendo de las manos. Ya no son cuatro flipados que dicen que la Tierra es plana. Es gente dispuesta a asaltar el Capitolio siguiendo las mentiras de QAnon o de oponerse a las vacunas que podrían salvar vidas", avisa Amorós.

Ventajas de ser conspiranoico

La youtuber y periodista Rocío Vidal conoce bien a los negacionistas de la pandemia. Ha desmontado sus locas teorías en su canal de divulgación científica 'La gata de Schrödinger' y en su libro 'Que le den a la ciencia', e incluso ha llegado a enfrentarse a ellos en plena calle.

La Tierra plana es otro de los delirios.

/ El Periódico

Tras estudiarlos a fondo, ha logrado identificar los incentivos que el conspiranoico encuentra al secundar estas teorías. “El primero, el sentido de pertenencia al grupo. A menudo forman comunidades donde comparten información que refuerza sus creencias y en las que se sienten protegidos. Pero también encuentran consuelo emocional. Vivimos rodeados de incertidumbre. Esas teorías, aunque sean falsas, les aportan seguridad", explica la investigadora. Y añade: “Lo habitual es que haya vasos comunicantes entre teorías conspirativas, y que alguien que se declara terraplanista desconfíe también de las vacunas o crea en los 'chemtrails' [las estelas de condensación que dejan los aviones son vistas como tóxicos con los que nos fumigan]".

"El incentivo del negacionista es el sentido de pertenencia al grupo y ser señalados les fortalece", dice la 'youtuber' Rocío Vidal

En su condición de grupo minoritario y marginal, los conspiranoicos se saben señalados por el resto de la sociedad, pero este marcaje, lejos de hacerles dudar, les fortalece. “El enfado provoca bienestar porque hace que nos sintamos justos y válidos. El conspiranoico se siente indignado. Para él, el rebaño son los demás”, apunta Ramón Nogueras.

Las estelas de los aviones son, según otra teoría de la conspiración, sirven para fumigarnos.

/ El Periódico

Cómo confrontar con un negacionista

El escritor Felipe Benítez Reyes se ha visto tan abrumado e "indignado" por la cantidad de teorías de la conspiración que han pasado por delante de sus ojos en el último año que ha acabado escribiendo una novela protagonizada por quienes las defienden: 'La conspiración de los conspiranoicos'. Se documentó hurgando en las redes sociales de varios 'conspiranoicos profesionales' y la conclusión que extrajo es el vivo retrato del iluminado: "Tienen una capacidad infalible para simular un sustento racional para sus teorías. Aparentan una seguridad absoluta en sus deducciones y una suficiencia intelectual que excluye cualquier duda. Son irreductibles. Lo suyo no es el debate, sino el dogma", describe.

"La lógica no sirve. Hay que ponerse en su mismo plano emocional y hacerles dudar usando su mismo patrón mental", argumenta el periodista Marc Amorós

Te puede interesar

¿Es posible confrontar con ellos? "La lógica no sirve. Hay que ponerse en su mismo plano emocional y hacerles dudar usando su mismo patrón mental, empatizando con ellos, pero evitando tomarles por locos, porque es lo que quieren para poder decirte que el loco eres tú que no quieres conocer la verdad", responde Marc Amorós.

Los expertos no se ponen de acuerdo sobre el devenir de este fenómeno en el futuro inmediato. De momento, las herramientas digitales de comunicación no parecen ser grandes aliadas de la verdad: en 2018, la consultora norteamericana Gartner calculó que la mitad de las noticias que circularán por las redes en 2022 serán falsas. Pero otros prefieren ver la botella medio llena: "Cuando cambien las circunstancias y superemos la actual crisis, los relatos conspirativos bajarán. Hemos empezado a verlo en Estados Unidos: la caída de Trump ha silenciado a los locos de Qanon. Es buena señal", pronostica optimista Alejandro M. Gallo.