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Capítulo II: Pedro y Yolanda, la coalición

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Capítulo II: Pedro y Yolanda, la coalición

José Luís Roca (El Periódico)

"Si aceptásemos que Pablo Iglesias entrase en el Gobierno tendríamos que hacer entonces dos Consejos de ministros a la semana. Uno oficial, presencial, con él sentado allí en una silla y otro oficioso, por chat, para la cuestiones que no pudiéramos permitirnos que él boicotee". Este comentario fue repetido y compartido, hace ya muchos meses, por un par de dirigentes relevantes del PSOE ante un grupo de periodistas en un encuentro informal. En aquel momento se trataba de argumentar los motivos por los que el PSOE prefería afrontar otras elecciones generales que aceptar un pacto con los morados que implicase, entre otras cosas, dar a Iglesias una vicepresidencia. Condición indispensable para Podemos, recuerden, que prefería la nada a sacrificar a su líder. ¿Sánchez codo a codo con Iglesias? El corral monclovita parecía pequeño para la convivencia de dos gallos de pelea llamados a picotear en el mismo terruño electoral.

Pero el órdago de ida y vuelta que se lanzaron se les terminó atragantando. Se repitieron elecciones en noviembre de 2019 y el resultado de ambos fue peor que el cosechado siete meses atrás. Los morados, de hecho, empezaron un declive que se fue acrecentando en siguientes citas con las urnas. Aprendida la lección, al menos en apariencia, Sánchez e Iglesias fabricaron en tiempo récord el primer pacto de coalición en democracia. Y lo sellaron con un abrazo que tornó en histórico y les convirtió en compañeros de aventura, pero también de Consejo de ministros. ¿Llegaría a ser realidad la convivencia de dos Consejos, uno oficial y otro por chat?.

Covid, convivencia y ruido

El caso es que ambos, de la mano, tuvieron que afrontar la salvaje pandemia del Covid y la llegada del estado de alarma y derivadas a España. Al final de 2020 empezaron a  tomar forma los presupuestos, los que garantizaban larga vida a un endeble Ejecutivo de izquierdas. Pero también las tensiones, los vaivenes y el ruido constante en la alianza gubernamental. A ratos se hicieron insoportables las estridencias y entre acuerdos y discrepancias, especialmente en leyes sociales... asomó la popular Isabel Díaz Ayuso y, hace unos días, adelantó elecciones en Madrid. Para evitar, dice ella, una moción de censura.

En esas estábamos cuando Iglesias llegó a la conclusión de que sólo él (se sondeó a Alberto Garzón pero no se dejó), podía salvar a Podemos en la región que lo vio nacer. Y sólo él podía superar la barrera del 5 por ciento para tener representación en la Asamblea madrileña y evitar, ojo aquí, que Pedro Sánchez aprovechase el tembleque morado para clavarles un adelanto de las generales. Fin del capítulo I.

Modos sedosos

Será este martes cuando Iglesias abandone el cargo que tanto le costó alcanzar. Y será antes de lo que él deseaba porque existe una ley electoral madrileña , que por lo visto él desconocía, que impide a los cargos del gobierno ser candidatos. Una vez que él salga de la Moncloa tomará el relevo como jefa de la delegación morada Yolanda Díaz, la titular de Trabajo. Una de las ministras más valoradas de todo el Ejecutivo, por cierto. Comparte principios e ideas con Iglesias, quien seguirá al frente del partido, pero son absolutamente diferentes en las formas. Ella, al menos hasta ahora, es de contenidos férreos y modos de expresión sedosos. Con Díaz comienza el capítulo II de la coalición. Se inicia con intriga y muchas incógnitas la temporada Pedro-Yolanda.

Factor Belarra, ala dura

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Pero la gallega, ungida también por Iglesias para ser la próxima candidata a generales por Unidas Podemos (primarias mediante, claro, pero asunto resuelto por si Sánchez decidiera adelantar) , tendrá contrapesos propios y ajenos. Suya será la vicepresidencia tercera del Gobierno, con la socialista Carmen Calvo y la jefa de la economía Nadia Calviño por encima. En cuanto a los ministerios de Podemos, deberá coordinar a las casi invisibles áreas de Consumo y Universidades y la continuamente polémica cartera de Igualdad, con choques diarios con la socialista Calvo. Sumésele otro ministerio social, que será para Ione Belarra. Ella, Belarra, es ala dura púrpura. Sus enfrentamientos con Margarita Robles han sido sonados. Y se queda con el encargo de Iglesias de pelear sin piedad ante José Luis Ábalos la Ley de Vivienda.

Sánchez, en breve, deberá bendecir esta nueva estructura y, como mínimo, hacer más cambios en segundos niveles por incompatibilidad con listas electorales en Madrid. En sus manos está dar alguna sorpresa más de última hora . O no. Le toca lidiar con Díaz dentro, valorada por el electorado de izquierda, también el suyo, e Iglesias fuera. Capítulo II.