Epidemiología y gobierno

No vamos bien

Toda medida de relajación, especialmente aquellas que favorecen las aglomeraciones y la movilidad, tienen un impacto en el empeoramiento de los indicadores

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No vamos bien

Hemos perdido ritmo en la mejora de indicadores epidemiológicos de la pandemia. En los últimos días se ha ralentizado. Esto nos sitúa en la posibilidad real de un cambio de tendencia a peor. El empeoramiento de los indicadores puede obedecer, básicamente, a tres factores: predominio de una nueva variante o cepa con más capacidad infecciosa, la británica por ejemplo; el mal funcionamiento de las medidas personales de contención; o las dos anteriores combinadas. Nos podemos encontrar en esta última opción.

La revisión del histórico nos dice que hay una secuencia clara: Mejora de indicadores, disminución de restricciones, empeoramiento de los indicadores, nuevas medidas restrictivas, mejora de indicadores, y vuelta empezar. Así fue en verano, los puentes, Navidad y, ahora, será Semana Santa.

Catalunya es un país de servicios. La hostelería y la restauración, además del comercio, son una parte muy importante, especialmente por el alto volumen de personal que ocupan. Y estos sectores están en una pésima situación económica como consecuencia de las medidas por el covid-19. Añadamos que llevamos más de un año bajo esta presión. Y nos resentimos. Es aquello que llaman “fatiga pandémica”, un alto sufrimiento mental, personal y social, además de, para muchos, económico. Y no hablamos de los enfermos y las muertes. Hablamos de la población general. Hay que hacer algo. Rechazar la necesidad de estas relajaciones no es realista aunque, con rigor, seguramente sería la mejor o la única opción válida. Hay que aceptarlo. Nos hace falta ofrecer medidas que permitan destensar.

La movilidad y las aglomeraciones son los factores clave. A más movilidad y más aglomeraciones, más infecciones.Sí, todos recordamos las recomendaciones: distancia, manos, ventilación y mascarilla. Pero hay que admitir que el comportamiento de los seres humanos no siempre es plenamente racional. Una persona correctamente informada no siempre tomará la decisión que objetivamente le sea más favorable. Intervienen otros muchos factores sociales y personales. No siempre todo el mundo sigue correctamente las recomendaciones.

Últimamente se han incrementado los horarios de la restauración, se han abierto los centros comerciales, las tiendas no esenciales en fines de semana, y se ha levantado el cierre comarcal. Ahora podemos circular por todo Catalunya si lo hacemos con nuestra burbuja. Pero no marcharé de mi piso para encerrarme en la segunda residencia o en una habitación de hotel, con la misma gente para hacer las mismas cosas. No es realista. Las burbujas del cava nacen aisladas una de la otra, pero al llegar a la superficie, estallan.

No vale decir “esto pasa por que no se respetan las recomendaciones”. Las normas son, a menudo, suficientemente ambiguas como para ser interpretadas de formas muy diferentes. Si me dicen que puedo ir a otras comarcas o me hablan de “allegados” quizá no queda suficientemente claro.

Se acerca Semana Santa. Este fin de semana, el primero de la “apertura comarcal”, hemos constatado un alto incremento de la movilidad, con atascos a la salida de las grandes ciudades, un aumento notable de las reservas de casas rurales y hoteles, venta de “forfaits” para esquiar, disminución de la demanda de certificados de autorresponsabilidad. Sensación de una ventana de libertad. El ensayo general de lo que pasará en Semana Santa.

No hay que recordar el efecto mariposa para saber que a toda medida de disminución de restricciones le corresponde un incremento de la incidencia y de todo lo que comporta. Toda medida de relajación, especialmente aquellas que favorezcan las aglomeraciones y la movilidad, tienen impacto en el empeoramiento de los indicadores, en ausencia de una parte grande de población vacunada. Hay que admitirlo y no confiarlo al comportamiento personal y poblacional. El tema central no es “esto puede pasar...”. Es “esto pasará”.

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Hay que decirlo a la población: Si relajamos, en tanto no tengamos mucha más población vacunada, pasará aquello. Este “aquello” es el aumento de infecciones. Hay que advertirlo y aceptarlo. Hay que hablar abiertamente de lo que se hace y las consecuencias Y acelerar las vacunaciones.

En rigor epidemiológico, por ahora, no hay más alternativa que las restricciones duras. Desde un punto de vista de gobierno hay que dar salida a las tensiones personales, sociales y económicas. Pero esto tiene un precio. ¿Pesimista? No. Realista