Pros y contras

El aturdimiento

Habiendo perdido la presencia de espíritu (guardada, quizás, en el congelador) parece que vivimos en el paréntesis donde se nos han perturbado los sentidos

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Una mujer observa a través de la ventana de su vivienda en Ourense durante el confinamiento, el pasado 19 de abril.

Una mujer observa a través de la ventana de su vivienda en Ourense durante el confinamiento, el pasado 19 de abril. / Efe / Brais Lorenzo

La última encuesta del CIS ha concluido que uno de cada tres ciudadanos ha llorado por culpa de la pandemia. Y más de la mitad han reconocido que están "cansados o con pocas energías". Es decir, vivimos entre lágrimas y sin ganas. Si no estalla el llanto es que no tenemos ni siquiera voluntad, aturdidos como estamos ante el mundo extraño. Y si lloramos, gastamos todos los esfuerzos entristecidos por las pérdidas, ensimismados en nuestra dejadez.

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Visto así, el panorama es tremendamente triste y desolador. És difícil hallar alguna perspectiva optimista porque, sobre todo, nos falta no el optimismo en sí mismo (que es una acción de futuro) sino el dibujo del escenario de un futuro. Habitantes del aturdimiento, habiendo perdido la presencia de espíritu (guardada, quizás, en el congelador) parece que vivimos en el paréntesis donde se nos han perturbado los sentidos. Aún ponemos la cara que describen los Manel en su último tema, 'L'amant malalta'. No sabemos cómo reaccionar, temerosos tanto de un estallido incierto como de un sopor definitivo. Esperando, tal vez, como último recurso, aquella cena que quedó pendiente por culpa de "la passa" (del brote), como dice la canción.