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Cambio climático: el controvertido viaje de la ciencia al cine

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Fotograma de ’El día de mañana’

Fotograma de ’El día de mañana’

A golpe de botón de mando a distancia, podemos acceder desde casa a cierta oferta de desastres climáticos imaginados, desde la serie Snowpiercer a la saga de películas de Sharknado o el clásico imbatible de El día de mañana. Su director, Roland Emmerich, se lamentaba hace unos meses de que ya no se hacen películas así, y que los desastres que plantean grandes estudios como Marvel Cinematic Universe son de otro tipo. Y lo cierto es que el impacto de las ficciones sobre el calentamiento global podría ser un revulsivo para concienciar al gran público sin que para ello tenga que vivir en sus carnes episodios como el Filomena.

Fotograma de 'Sharknado'

/ EL PERIÓDICO

La preocupación por el cambio climático se ha ido abriendo paso a medida que fenómenos extremos nos sacudían literalmente y dejaban de ser un fogonazo de realidad de países remotos. Ahora nos tocan más de cerca, pero el interés debe prolongarse en el tiempo para que cambie pautas de comportamiento y empuje cambios globales. 

Los medios de comunicación no están solos en esta cruzada. Documentales como Una verdad incómoda, de Al Gore, Planet of the humans o Ice on fire han abordado el calentamiento global, pero sigue habiendo capas de población impermeables al problema porque no les atrae el formato. 

Al Gore en la presentación de 'Una verdad incómoda'

/ EL PERIÓDICO

Aquí entran en juego las películas. La ficción es un canal ideal para transmitir hechos abstractos, apunta el profesor de la Yale School of Environment Anthony Leiserowitz. «Las historias son un medio increíblemente poderoso para comunicar ideas de una manera emocional. La empatía y el transporte narrativo nos ayudan a identificarnos con los personajes y compartir sus experiencias, y esto hace que las historias sean una herramienta tan eficaz para ayudar a comprender el cambio climático».

Leiserowitz defendía así el valor de El día de mañana, que con su estreno en 2004 marcó un hito en la concienciación climática pese a generar a la vez una alta controversia científica. La película recrea un efecto extremo climático a partir del deshielo polar, que provoca una nueva edad del hielo con impacto en todo el planeta pero en especial en Estados Unidos. 

Estudios sobre la influencia que tuvo la proyección de este blockbuster en la conciencia climática de la época concluyeron que la representación del riesgo en la cultura popular «puede tener una influencia poderosa en la percepción pública de ese riesgo, en muchos casos superior a la que general las informaciones que proceden de científicos, políticos o grupos de interés».

El estudio se centró en miles de personas en EEUU, Alemania, Reino Unido y China antes y después de ver la película y unas semanas después comparado con otros grupos de personas que no la vieron. Aunque los resultados variaron según los territorios -Alemania estaba más concienciada que EEUU sobre el cambio climático, por ejemplo-, coincidieron en tres factores: un aumento importante de la discusión social sobre el cambio climático, un elevado grado de interés por presionar a los gobiernos para empujar políticas ambientales y un ligero incremento de las conductas personales para reducir la huella contaminante. 

El día de mañana causó una verdadera tormenta en el ámbito de expertos del clima, muchos de los cuales censuraron y criticaron la película por sus exageraciones y sus interpretaciones erróneas, y por preocuparse más por el efecto dramático que por los datos exactos detrás de las teorías enunciadas. Algunos incluso alertaron del riesgo que entrañaba de alimentar el negacionismo, sobre todo si alguien se dedicaba a desmontar las inexactitudes que incluía, y temían que generara rechazo por la incredulidad del público. «Aunque el mensaje subyacente de la película tiene mérito científico, las descripciones cinematográficas de esos peligros traspasan los límites de la credibilidad científica», relató Ron Von Burg en otro estudio titulado Décadas de distancia o ‘El día de mañana’?: Retórica, cine y el debate sobre el calentamiento global. «Es El coloso en llamas de las películas de ciencia climática», abunda en esa tesis el climatólogo Andrew Weaver, de la Universidad de Victoria de Canadá. «Pero yo no perdería el sueño por una nueva era de hielo, porque es imposible», concluyó tras ver la película.

Cartel publicitario de la película 'Geostorm'

/ EL PERIÓDICO

Entre las ficciones más criticadas está Geostorm, que parte de una humanidad que desarrolla una tecnología para controlar los fenómenos climatológicos después de que ciudades como Madrid sufran millones de muertos por una ola de calor. Para Michael Svoboda, profesor en la Universidad George Washington, la película es un mal ejercicio de la llamada cli-fi, ficción climática, porque « dirige la atención del espectador en la dirección equivocada; alimenta su confianza en la capacidad de la tecnología para resolver el problema del cambio climático sin que tenga que cambiar su estilo de vida; y luego despierta la desconfianza en quienes tienen que encontrar la solución». 

¿Cuánto se puede explicar si que el público se aburra?

Más voces. La investigadora de la Universidad de Florida Lauren Griffin explica a EL PERIÓDICO algunas de sus reflexiones sobre la materia. Asume que El día de mañana tiene problemas importantes en la representación del cambio climático. Sin embargo, entiende que «es una película importante porque fue de las primeras en abordar el fenómeno y es una de las mejor estudiadas en términos de su impacto en las creencias de la gente».

Y lanza Griffin la gran pregunta: «¿Cuánto se puede explicar sin que el público se aburra?». Con todo, aventura que «tener una idea de lo que dice la cultura pop sobre el cambio climático puede ayudar a establecer la línea de base en términos de las ideas a las que el público ya ha estado expuesto, y qué creencias podrían surgir de esas ideas». En el fondo, concluye, «puede ayudar a los comunicadores científicos a conocer mejor al público y lo que piensa».

Griffin defiende sus teorías en un artículo conjunto con la profesora Ann Christiano en The Conversation titulado Por qué es importante ‘Sharknado 4’: ¿Las películas sobre desastres climáticos perjudican la causa climática?.

El investigador del comportamiento Matt Minich también explica a este diario que «aprendemos mucho más sobre el mundo del entretenimiento de lo que nos gustaría admitir, por lo que es más difícil creer que una amenaza es real si nunca aparece en nuestras narrativas de entretenimiento».

Minich avala el impacto real de los efectos de llevar a la ficción el cambio climático. Recuerda que el éxito de taquilla de 1975 Tiburón disparó el pánico al animal y aumentó su caza indiscriminada durante más de una década. Pero también que la película Contagio, de 2011, daba unas pautas de conducta ante la transmisión de virus, respaldada por buena información sanitaria, capaz de cambiar hábitos. Lavarse las manos y distancia social eran consejos de los personajes que interpretaban a personal sanitario, y la RT o velocidad de transmisión de un virus era explicada en una pizarra por una de las protagonistas, encarnada por la actriz Kate Winslet. 

Una sola película no puede cambiar la opinión pública, pero puede ayudar a acelerar un cambio cultural si crea una ventana de oportunidad «educativa». Si organizaciones vinculadas al clima hubieran reforzado el impacto con noticias relacionadas, debates y actividades paralelas antes, durante y después de lanzamiento, el efecto se habría reproducido.

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«La película promovió un cambio en las búsquedas online de información, y los medios de comunicación ampliaron su cobertura» de manera espontánea, según concluye otro estudio de Leiserovitz coordinado con Philip Solomon Heart, que sugiere planificar contenidos científicos que coincidan en el tiempo con películas y ficciones narrativas de actualidad. 

Otro enfoque. El profesor David A. Kirby, especializado en estudios de comunicación científica en el Centro de Historia de la Ciencia, Tecnología y Medicina de la Universidad de Manchester, distingue tres formas que tienen los blockbusters de afectar a la ciencia. Para empezar, la popularización de la ciencia «ayuda a asegurar los fondos necesarios para la investigación, permiten actividades promocionales de científicos que ayudan a obtener fondos de apoyo a la investigación». Y eso, tal y como está la situación, es una ventaja nada desdeñable.