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El día de las primeras veces

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Preparativos para la investidura de Joe Biden en el exterior de la Casa Blanca, en Washington.

Preparativos para la investidura de Joe Biden en el exterior de la Casa Blanca, en Washington. / AFP / ERIC BARADAT

Para ser un país de tan corta historia (comparado con la vieja Europa y la milenaria China), las tradiciones tienen un peso enorme en Estados Unidos. La ceremonia de toma de posesión del nuevo presidente es una de las más arraigadas.

En estos tiempos tan atípicos, la inauguración –como allí se llama- de Joe Biden va a ser, desde luego, una de las más extrañas de las que se tiene registro. Para empezar, no estará el presidente saliente. Un alivio, por cierto. Sería antinatural ver en ese mismo lugar al hombre que hace pocos días alentó a los suyos a asaltarlo; el sitio donde se consuma uno de los procesos más sagrados de la democracia estadounidense: el traspaso formal de poderes. Para seguir, porque desde el Capitolio no se verá un 'mall' lleno de gente. Esta vez sí que va a poder presumir Donald Trump de que en la suya hubo más. La necesidad de evitar multitudes por la pandemia y las extremas medidas de seguridad ante el temor a posibles atentados y actos violentos por parte de la extrema derecha han convertido a Washington en una ciudad fantasma. Como marca el momento, la ciudadanía está invitada a acompañar al nuevo ocupante de la Casa Blanca de manera virtual.

Además del acto del juramento en sí, es el día del primer discurso como presidente, del desfile y del baile inaugural. Un día de fiesta, casi siempre, que esta vez estará ensombrecido por las circunstancias. Un día de muchas primeras veces, en lo personal y en lo profesional, aunque Biden, tras ocho años de vicepresidencia, está familiarizado con el entorno.

Es también el día de las primeras decisiones. Esas con las que, de modo simbólico, se quiere marcar el inicio de la Administración. Los presidentes entrantes no esperan un minuto. Apenas llegan al Despacho Oval desde el desfile, se hacen la foto firmando su primera orden ejecutiva, que normalmente responde a algunas de sus promesas de campaña. En el caso de Obama fue el cierre de Guantánamo (aún no concluido). En el caso de Trump, fue el inicio del desmantelamiento de la ley de cuidados asequibles, conocida como 'Obamacare', que establecía la obligatoriedad de contar con seguro médico. El asunto sigue sin resolverse y el futuro de la ley está hoy en manos del Tribunal Supremo. Así que últimamente no ha habido mucha fortuna para las primeras decisiones.

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Joe Biden ya ha anunciado cuáles serán las suyas: regresar al Acuerdo de París para luchar contra el cambio climático, decretar la obligatoriedad de mascarilla en edificios federales, revertir el veto de entrada para personas procedentes de una serie de países musulmanes y reunificar a familias migrantes que han sido separadas a la fuerza. A ello se suma un ambicioso plan para sus primeros 10 días, en los que pretende aprobar un poderoso programa de estímulo para luchar contra las consecuencias económicas del coronavirus y poner en marcha un amplísimo programa de vacunación. A su país, y al resto del mundo, le irá mejor si, a diferencia de lo que ocurrió con sus antecesores, estas primeras decisiones acaban llegando a buen puerto.