Elecciones catalanas

Pere Aragonès y el Frente Amplio

Si Esquerra gana las elecciones se presentará ante el Parlament con la voluntad de conformar un Govern que reúna los partidos que no rechazan un referéndum acordado

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El candidato de ERC, Pere Aragonès.

El candidato de ERC, Pere Aragonès.

Posiblemente recordarán la escena de la exitosa película 'Airbag', en la que el protagonista suelta la sentencia “el concepto es el concepto” para remachar su posición negociadora a pesar de las caras de pocos amigos de quienes le rodean. Me viene a la cabeza recordarla a raíz de las palabras expresadas por Pere Aragonès justo hace unos días. Claras y concretas en relación al hecho de que, si Esquerra gana las elecciones, se presentará ante el Parlament con la voluntad de conformar un Govern de Frente Amplio que reúna los partidos que no rechazan un referéndum acordado. Celebro la claridad del candidato republicano. En primer lugar, porque culmina el debate que en el interior de Esquerra Republicana se impulsó por parte de las personas que, indemnes al asedio al republicanismo, apostaron por ganar la batalla ideológica para impulsar la idea de la urgencia del ensanchamiento de la base independentista para una nueva etapa de acumulación de fuerzas.

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Es evidente que la necesidad de reconstruir el país a raíz del desastre provocado por la pandemia, la obligación ética de todos los demócratas de avanzar hacia la desjudicialización para superar la represión y la imprescindibilidad de hacer posible un marco de diálogo con el Estado español requerirán grandes dosis de voluntad política. Y todavía más, exigirá metabolizar dolores y agravios acumulados en los últimos años si se quiere una interlocución entre los partidos catalanes para construir una solución factible que pueda ser asumida por la mayoría de los catalanes. En segundo lugar, es de agradecer que Pere Aragonès haga de la obviedad categoría política: si los retos que tendrá que asumir el futuro Govern serán gigantescos, hará falta que represente un universo de ciudadanos superior al actual.

Merece la pena decir que el concepto Frente Amplio ya está en el tablero y no desaparecerá porque proviene del partido político que tiene muchas posibilidades de ganar las elecciones, lo cual explica la hostilidad en la respuesta de los interpelados, interesados a desmerecerla antes del 14-F. Las negativas expresadas (nunca, imposible y otras expresiones), hechas corriendo para intentar empequeñecerlo antes de que se haga grande, no responden a las necesidades y aspiraciones de una mayoría social que quiere vivir el inicio de una etapa de entendimiento y resolución de los problemas. Los nuevos y los heredados. Tampoco ayudará a quién afirma que nunca se avendrá, con el ejemplo de valentía y atrevimiento político de Pablo Iglesias para hacer posible un gobierno de coalición con el PSOE –a quien Unidas Podemos desde su nacimiento ha atribuido la categoría de casta fundadora del Régimen del 78– para arrastrar el socialismo hacia actuaciones, cuando menos, socialdemócratas. De igual manera, un Govern cuyo centro de gravedad se desplace hacia la izquierda, actualmente, solo es posible si otras fuerzas de izquierda destierran los sectarismos y debaten la oferta del Govern de Frente Amplio.

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En el tablero del 14-F, el republicanismo ha abierto la partida buscando la centralidad. Jugada de apertura para un futuro Govern que pueda encarar sin complejos posicionamientos generosos basados en el no bloqueo de las iniciativas constitucionalistas si, a la vez, estos no cortocircuitan las de carácter soberanista. Que deje atrás las posiciones reduccionistas de carácter binario expresadas de manera tan categóricamente estériles como catalán-español y separatista-unionista y permitan a independentistas y no independentistas sentirse reconocidos en el respeto a sus posiciones en la medida que son capaces de socializar todo aquello que les es común para metabolizar las interpretaciones simplificadoras de la historia como fórmula placebo para curar frustraciones producto de victorias finales imaginarias, de los unos, y para superar la negación del derecho a decidir, por parte de los otros, a pesar de que tengan que hacer uso de la violencia del Estado.

Esquerra ha publicitado qué hará si gana: intentar un Govern de Frente Amplio incorporando a los Comunes y la CUP, que es una manera de decir que la estricta alianza entre nacionalistas y republicanos se ha quedado corta, no da más de sí. Jéssica Albiach y Dolors Sabaté, pues, el día siguiente de la plausible victoria de Esquerra tendrán que encarar inevitablemente el debate, a pesar de que ahora hagan aspavientos. Y también deberán tener en cuenta que el partido ganador, lo hemos visto en otros parlamentos, cuando no consigue la mayoría gubernamental continúa disfrutando de la posibilidad de gobernar con mayorías parlamentarias accidentales y variables.  n