El desafío global de 2021

Sean pesimistas, es más seguro

Pensar que hemos dejado atrás la pandemia porque mudamos de cifra es una insensatez propia de estos tiempos. Como si 2020 fuese culpable de todos los males

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Donald Trump, el (mal) perdedor de las elecciones de EEUU.

Donald Trump, el (mal) perdedor de las elecciones de EEUU. / Tom Brenner

Problemas globales como el covid-19, el hambre o la injusticia no saben de calendarios ni de fronteras trazadas en la tierra. Pensar que hemos dejado atrás la pandemia porque mudamos de cifra es una insensatez propia de estos tiempos. Como si 2020 fuese culpable de todos los males. La pandemia seguirá entre nosotros este año y parte de 2022. La vacunación masiva (en los países ricos) generará optimismo, y una sensación de seguridad que impulsará la economía. Aún es pronto para saber si hemos aprendido algo. Sean pesimistas, es más seguro.

Tampoco se va a marchar con facilidad Donald Trump. Su fecha de caducidad, salvo sorpresas, es el 20 de enero a las 12 del mediodía, hora de Washington DC. Aunque carece de ideas para generar una ideología -- no tiene otra que su ego--, el trumpismo, la amoralidad sin límites, seguirá entre nosotros multiplicada en una miríada de imitadores. 

El nuevo presidente de EEUU, Joe Biden querrá regresar a la casilla internacional de Barack Obama. En ella primaba el arte del consenso sobre el puñetazo en la mesa, el respeto a los aliados y no la traición y el insulto. El problema de Biden es que muchos de los escenarios que conoce ya no existen. El más evidente es Oriente Próximo. Desaparecieron los palestinos del debate, ganó Benjamín Netanyahu (no confundir con Israel), también Arabia Saudí gobernada por un autócrata que manda descuartizar opositores y encarcela mujeres. 

Obama supo entender el papel de Irán y aprovechar su influencia en Irak y Siria para derrotar al ISIS. Fueron junto a Hezbolá la infantería, como los kurdos sirios, mientras que EEUU y sus aliados bombardeaban desde el aire. Trump deshizo el camino, regresó a la lectura interesada israelo-saudí de Oriente Próximo. Era lo más fácil: no pensar, seguir el negocio.

El último artificio de Trump

Biden quiere reactivar el pacto nuclear firmado en 2015 por EEUU (Obama), Francia, Reino Unido, Alemania, China y Rusia. Necesitarán ideas frescas y acciones, como la de suspender el embargo, para convencer a los iraníes ahora que los halcones ganaron terreno. No descarten un último artificio de Trump antes de dejar la Casa Blanca. Conserva todos sus poderes para atacar a Irán hasta el 20 de enero.

Educado en la Guerra Fría, Biden otorgará un papel relevante a la OTAN. Será el instrumento de contención de Vladímir Putin, y de sus movimientos desestabilizadores en Europa, el Mediterráneo y el norte de África. Rusia multiplica sus ciberataques en un mundo en el que ha perdido peso. Ya no es la gran superpotencia heredera de la URSS que rivalizaba con EEUU. Lo demuestra su papel en el conflicto de Nagorno Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán.

El Brexit es la oportunidad de oro para la UE de reordenarse e impulsar una verdadera Unión. Sin el lastre británico no hay excusas para aplazar el espacio político que demanda el euro. La moneda sigue expuesta a los ataques de los mercados, como en 2009. El nuevo problema está en Polonia y Hungría. Sus apuestas populistas son incompatibles con la pertenencia a la UE. Fue un error sumar a la vez tantos países sin experiencia democrática. Exigirá una digestión de décadas. No esperen milagros en 2021: la UE seguirá sin atreverse, repleta de líderes sin visión ni coraje. Solo destaca Angela Merkel, que está de salida.

Pandemia global

China emerge de la pandemia como ganadora y perdedora global. Su secretismo en el manejo de la crisis ha generado dudas sobre sus datos y su capacidad sanitaria. Su pérdida de imagen incluye al Tercer Mundo donde había logrado posiciones de ventaja. Las tres primeras vacunas proceden de Occidente, no de los laboratorios chinos. De la rusa hablaremos otro día. 

Pese a este revés, China ha asentado su posición. Nadie discute que es una superpotencia que disputa el centro mundial a EEUU. Hace tiempo que dejó de copiar, hoy está en la avanzadilla tecnológica cerca de Japón y Corea del Sur. También se presenta como un modelo político a seguir, una tentación para los tiempos pospandémicos: libertad para el obediente y castigo implacable de cualquier disidencia. 

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Es posible que entremos en una guerra fría, esta vez con China. Pero son tantas las diferencias que sería una simplificación. China tiene un poder militar creciente e intereses que se reducen, de momento, a su área de influencia. Están en riesgo Hong Kong, a corto plazo, y Taiwán más a largo. Tiene una ventaja sobre Occidente: la paciencia. Los objetivos están definidos, no importa qué generación los alcance. 

Y recuerden: la pandemia no ha terminado, solo hay luz al final del túnel.