'OPERACIÓN VOLOH'

El 'procés' como animal de compañía

Lo que queda al descubierto son grandes dosis de desorientación y de incompetencia

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El 'procés' como animal de compañía

Tribunal Supremo

Es posible que la 'operación Voloh' solo pretenda desprestigiar al independentismo. Pero hay que reconocer que ciertas cabezas pensantes del ‘procés’ se lo ha puesto muy fácil. Pasar la prueba del algodón de las conversaciones telefónicas es complicado. Un mal momento lo tiene cualquiera. Pero por muy nublado que se tenga el día, el sentido profundo de los mensajes se mantiene. Y en ese batiburrillo de confesiones, bravuconadas e insultos que estos días circulan por los medios, hay algo que predomina: la constatación de que han pretendido hacernos pasar pulpo por animal de compañía. Y quien dice pulpo, dice presidente, gobierno y una seudorrevolución que tenía más de empresa de contratación que de idealismo. 

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Al fin, lo que queda al descubierto son grandes dosis de desorientación y de incompetencia. Unas cuantas manos moviendo los hilos del ‘procés’, unos cuantos títeres que han obedecido con mayor o menor fortuna y una sociedad que se ha visto atravesada por unos discursos divisorios, profundamente tóxicos para la convivencia. Un desastre que los adalides reconocen en la intimidad, pero que se cuidan mucho de expresar en público. Para la ciudadanía se reservan la grandilocuencia, los sermones y, por supuesto, las acusaciones de traición. Qué fácil es borrar la crítica cuando se mancha de felonía. Qué fácil es construir la impunidad a base de vilipendiar al otro.  

Sin vergüenza, han utilizado carretadas de palabras nobles -dignidad, democracia o libertad- e iconos de la humanidad -Mandela, King, Parks o Gandhi- para obnubilar a unos y denigrar a otros. ¿Qué clase de “bestias con forma humana” pueden estar en contra de tanta grandeza? El problema no es ni nunca ha sido el independentismo, tampoco el nacionalismo conservador; cada cual puede creer y defender un modelo territorial, el destrozo ha sido esa red de políticos, empresarios y periodistas entregados al peor populismo que han querido moldear una Catalunya a la medida exacta de sus intereses. Pero sigan, sigan repartiendo carnés de fachas.