LUCHA FEMINISTA

Blancanieves ha muerto. Otra vez

La educación heteropatriarcal también afecta a los hombres, haciéndoles creer que tienen que ser perfectos

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Blancanieves ha muerto. Otra vez, por Imma Sust. Ilustración de Anna Baquero

Blancanieves ha muerto. Otra vez, por Imma Sust. Ilustración de Anna Baquero / ANNA BAQUERO

Incluso con la distancia de seguridad de dos metros, una no puede evitar poner la oreja y cotillear las conversaciones de los demás. Lo llevo haciendo toda la vida. Puedo llegar a estar pendiente de tres o cuatro charlas a la vez, como os lo cuento. Bueno, ayer me quedé pillada con una conversación de lo más heteropatriarcal.  Tres hombres y una mujer. Los cuatro hacían bromas riéndose de una mujer que no estaba y, en un momento dado, uno de los señores dijo: "Tiran más dos tetas que dos carretas". Me quemaron los oídos. Fue como si oyera a alguien muy antiguo, dentro de una película de Antonio Ozores.

Me fijé en la chica que se comportaba como ellos. Supongo que para sentirse aceptada, no sé. El caso es que no dijo nada y le rió las gracias al amigo. Me vinieron ganas de levantarme, acercarme al 'machirulo' y decirle: "No es cierto. Estás muy equivocado. No tiran más dos tetas que dos carretas. A ti, te tirarán más dos tetas que dos carretas, porque eres un machista y un antiguo, pero a un hombre de este siglo le impulsa un cerebro, un discurso, un buen sentido del humor. Y utilizará las tetas, si su propietaria se lo permite, para intercambiar experiencias físicas. No se basará en sus pechos para tomar decisiones importantes". Eso le habría dicho.

Micromachismos interiorizados

A veces tengo la sensación, de que vivo en un mundo paralelo y que soy la única que escucha estas cosas. Es entonces cuando me vienen ganas de gritar por la calle: "¿Lo han oído? ¿Pero qué les pasa a esos tipos? Son los mismos que ponen en duda la educación heteropatriarcal, como si ellos hubieran nacido en Marte". El otro día, me entrevistaron en una radio que no diré y un presentador que no nombraré me soltó: "¡Uf, el heteropatriarcado, qué rabia me da esa palabra!". Yo no me callé y le dije: "Claro, porque eres hombre, hetero y machista. Si fueras una mujer o gay igual no te daría tanta rabia". El presentador se echó unas risas y yo, por aquello de encajar y no liarla, seguí con la entrevista.

Algunos hombres no nos toman en serio, pensé. Y me da mucha pena. Porque la educación heteropatriarcal también les afecta a ellos. Haciéndoles creer que tienen que ser perfectos, practicar sexo como en las pelis porno y llevar mucho dinero a casa, aunque esto le cueste su felicidad o no puedan ver crecer a sus hijos. Muchos hombres no feministas, vamos a llamarlos así, se creen que las feministas solo luchamos para nosotras, para las mujeres, y no es así. Luchamos para tener una sociedad más justa y equilibrada. Sin que nadie sea discriminado por cuestión de género o orientación sexual. Y cuando te llenas de esperanza al ver el mundo cambiar, cuando crees sinceramente que todo va a ir mejor, entonces aparece el 'señoro' de las tetas y las carretas. A él no les sangran los oídos como a mí. Ni siquiera se da cuenta de las barbaridades que dice. Tiene esos micromachismos tan interiorizados, que no se para a pensar que hay cosas que ya no se pueden decir. Que aunque no las diga con mala intención, hacen mucho daño.

Negar la realidad no es bueno

Hice una encuesta en internet preguntando: "¿Crees que la educación heteropatriarcal ha afectado a tus relaciones?". Y mi sorpresa fue que un pequeño porcentaje me dijo que no. Y aquí es donde tenemos un problema. Negar la realidad no aporta nada bueno. Hablamos de un sistema social político, en el que hay una supremacía del hombre heterosexual que está por encima de la mujer y de las otras sexualidades. Y esto nos lo inculcan antes de nacer. Cuando te dicen si vas a tener un niño o una niña y ya te comportas de forma diferente basándote en esa diferencia biológica. Y no hablo solo de colores azules o rosas. La mayoría de los referentes culturales que consumimos se basan en estas premisas. Por suerte, estamos en un momento de cambio y, si vemos un capítulo de 'Friends' ahora, muchos de los diálogos y situaciones que se dan, nos suenan fatal. Es muy fuerte e interesante a la vez. Esta semana me he sentido muy esperanzada yendo al Aquitània Teatre a ver una obra llamada 'Smiley', del dramaturgo Guillem Clua. Una deliciosa comedia romántica gay.

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También he pasado un buen rato con mis sobrinos inventándome cuentos donde las princesas se salvan solas. Pero aunque yo me esfuerce lo más grande, allí está Disney con todo ese heteropatriarcado que nos han metido en vena. Y mi sobrino me pide que le ponga la maldita 'Blancanieves', que ya ha visto 800 veces, y yo no me canso de decirle que no hay que besar a mujeres dormidas ni muertas. Como dice la monologuista Eva Soriano: "Os digo una cosa, yo me despierto, en mitad del bosque, sin acordarme de nada, rodeada de siete enanos y con un tío a punto de morrearme, y yo la bofetada se la doy. Por precaución. Porque él lo llamará manzana envenenada pero yo lo llamo burundanga". Pero la verdad es que 'Blancanieves' es del año 1937 y la siguen matando cada día en millones de hogares alrededor del mundo. Nadie se atreve a darle la bofetada al príncipe.