28 nov 2020

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Ideas

El ambiente hasta hace muy poco en el festival de Sitges. // JOAN CORTADELLAS

El romance entre directores y festivales

Desirée de Fez

Brandon Cronenberg y Quentin Dupieux en Sitges son dos ejemplos de lo estimulante de la relación entre el público y los cineastas habituales de un festival

Una de las cosas que más celebro de un festival de cine es la fidelidad hacia determinados cineastas y la posibilidad de comprobar en directo cómo se fragua la relación entre el público y ellos. Es interesante ver las reacciones por el descubrimiento de un autor nuevo y las expectativas ante su segunda película. También lo es asistir al momento del cuestionamiento, la decepción e incluso el enfado: ¿era realmente un cineasta interesante o una falsa promesa? Y lo es sobre todo comprobar cómo, en poco tiempo, algunos de estos directores han pasado de ser la revelación del año a figuras consagradas (como mínimo) en el marco del festival, a los autores más esperados en cada nueva edición.

Pongo un par de ejemplos relacionados con el Festival de Sitges, que se celebra hasta el próximo domingo. Uno es Brandon Cronenberg, que en ocho años salta de descubrimiento (con su magnífica ‘Antiviral’) a director de una de las películas más esperadas y aplaudidas de esta edición, ‘Possessor’. Y que se consagra a la velocidad del rayo como uno de los nombres clave del fantástico contemporáneo. Otro, aún más claro, es Quentin Dupieux, directamente uno de los cineastas más admirados y queridos por el público del festival. El estreno de ‘Rubber’ (2010), película sobre un neumático asesino, supone el inicio de un hermoso (y delirante) romance entre el público de Sitges y un cineasta tremendamente personal y atípico cuyas películas se reciben con un entusiasmo genuino y contagioso: las proyecciones de ‘Mandíbulas’ han sido mágicas.

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Quizá todo esto parezca un simple apunte mitómano por mi parte, y tal vez lo sea. Pero creo que eso no anula lo estimulante de esa relación entre el público y los cineastas habituales de un festival, y lo importante que es que los festivales afiancen ese vínculo. Básicamente porque de ahí salen líneas de conversación: discutir sobre la evolución (sea en positivo o en negativo) de la filmografía de estos autores implica, en el fondo, hablar de cine. Y, al final, afianzar en los festivales ese espacio (físico o virtual) para hablar sobre cine es tan importante como elegir las películas adecuadas.