MATEMÁTICAS POLÍTICAS

Guerra civil independentista

El independentismo no se fragmenta ya de forma básica, eso quedó atrás. Ahora se divide sobre lo dividido anteriormente. La división de fracciones de las matemáticas del bachillerato

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Puigdemont, en un mitin independentista en Perpinyà, el 29 de febrero del 2020.

Puigdemont, en un mitin independentista en Perpinyà, el 29 de febrero del 2020. / EFE / DAVID BORRAT

Hace tiempo ya que el mundo se detuvo en Catalunya. En la esquina nordeste de España, la Tierra dejó de rotar. Inmóvil. Petrificada. Una esfera de sal.

El mundo es un pandemonio rabioso. Crisis financiera, depauperación, quiebra de la cohesión social, vuelco del paradigma económico, emergencia climática, traslación de los ejes geoestratégicos, guerras y hambrunas, terrorismo ubicuo, migraciones masivas, recuperación, sectores emergentes, industrias caducas… Y luego, pandemia y vuelta a empezar: calamidad sanitaria, catástrofe económica y social, incertidumbre global. Angustia. Miedo. Esperanza también.

Nada de todo esto parece hacer mella en el relato nacionalista dominante en Catalunya. Aquí seguimos a lo nuestro. ¿Qué es lo nuestro, con permiso del empresario radiofonista Justo Molinero, experto en la catálisis de las emociones colectivas? Lo nuestro, en este punto preciso del avispero catalán, es la guerra civil independentista.

Las facciones nacionalistas proliferan sin fin en el teatro de operaciones. El independentismo no se fragmenta ya de forma básica, esa fase quedó atrás. Ahora se divide sobre lo dividido anteriormente. La división de fracciones de las matemáticas del bachillerato: el-numerador-de-la-primera-fracción-por-el-denominador-de-la-segunda-fracción… Era así, ¿verdad?

Ceremonias de confusión

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Cualquier análisis puede elevarse hasta el infinito, hasta la ininteligibilidad. Rizo sobre rizo hasta perder de vista la raíz del cabello. Pero es conveniente abstenerse de ceremonias de confusión. La fragmentación independentista tiene muchos matices, algunos de ellos brillantes y hasta hipnóticos. Pero, hoy por hoy, obedece a dos conflictos llanos.

El primero tiene recorrido estratégico por delante: la batalla entre ERC y la posconvergencia por el trono nacionalista. El otro es una cuenta atrás hacia la nada: el desafío de Carles Puigdemont a un estado democrático de la Unión EuropeaArtur Mas decía "astucia"; Puigdemont, "inteligencia". Dos estados de la mente muy interesados: tapar la corrupción y el austericidio, antes; ganar una posición negociadora para enjuagar un disparate personal, ahora. Embelesamientos ajenos al pandemonio mundial. Y al local.