Editorial

Estalla el espacio posconvergente

Desde el punto de vista estratégico, no está claro que la jugada le salga bien a Puigdemont, con la división del espacio posconvergente en tres partidos: PDECat, PNC y Junts

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David Bonvehí y Carles Puigdemont, en un acto del PDECat, partido que el ’expresident’ ha abandonado, en Bruselas en el 2019.

David Bonvehí y Carles Puigdemont, en un acto del PDECat, partido que el ’expresident’ ha abandonado, en Bruselas en el 2019. / EFE / STEPHANIE LECOCQ

La decisión de Artur Mas, comunicada por su entorno, de que seguirá en el PDECat y no se pasará al nuevo partido creado por Carles Puigdemont es probablemente la única buena noticia para el partido sucesor de Convergència. Mas resuelve así el dilema entre la lealtad al partido que impulsó para suceder a CDC y la fidelidad al hombre que designó para sustituirle en la presidencia de la Generalitat.

Puigdemont se dio el lunes de baja del PDECat y le han seguido numerosos cargos públicos y del partido. Aunque el PDECat asegura que solo un 7% de los militantes (unos 800) se han ido con Puigdemont, el balance cualitativo es favorable al ‘expresident’: cuatro de los cinco ‘consellers’, tres presos, casi todos los diputados del Parlament, los cinco senadores, la mitad de los diputados en Madrid, algunos alcaldes y 13 de los 15 dirigentes sectoriales se han pasado a Junts. En el PDECat, sin embargo, permanecen la mayoría de los alcaldes (los de Mollerussa, Igualada, Tortosa, Calella, Martorell, Reus y Vilafranca del Penedès, entre otros). Los que se han unido a Puigdemont  reprochan al PDECat haber ido a los tribunales para recuperar el nombre de Junts per Catalunya, argumento muy débil si tenemos en cuenta que la batalla jurídica la desencadenó Puigdemont con presuntas maniobras irregulares para arrebatar al PDECat la marca, que tenía registrada.  El pleito se dirimirá el próximo día 25. 

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Pero lo cierto es que Puigdemont, con sus presiones cercanas al chantaje, ha dinamitado el espacio posconvergente. Primero, con la defenestración de Marta Pascal -ahora dirigente del Partit Nacionalista Català (PNC)- por apoyar sin su permiso la moción de censura contra Mariano Rajoy; después, elaborando las listas electorales del 21 de diciembre del 2017 sin consultar al partido; más tarde, con la creación del artefacto de La Crida, un fracaso monumental que ahora quiere enmendar de igual modo, y finalmente con la ruptura  para constituir Junts.

Desde el punto de vista estratégico, no está claro que la jugada le salga bien a Puigdemont, con un espacio posconvergente dividido en tres partidos -PDECat, PNC y Junts- y un Govern que parece un nuevo tripartito, integrado por PDECat, Junts y ERC. Lo mismo se puede decir desde el punto de vista ideológico porque, obsesionado con disputarle el terreno a ERC, Puigdemont se escora a la izquierda y deja vacío el centroderecha independentista, que quieren ocupar el PDECat y el PNC. La apuesta es una incógnita y lo único tangible es el destrozo que el ‘expresident’ ha provocado.