CRISIS AZULGRANA

Sobrevivir después de Messi

Hay que cimentar la reconstrucción del Barça en los valores que definen la identidad del club y generar unos objetivos y una estrategia para los próximos años

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Sobrevivir después de Messi, por Marçal Sintes.

Sobrevivir después de Messi, por Marçal Sintes. / TRINO

Un buen amigo sostiene la teoría, que defiende con convicción, de que las situaciones que se producen en Can Barça, concretamente en su primer equipo de fútbol, anticipan el futuro más o menos inmediato del país. Así, si el Barça va mal y pierde, Catalunya, especialmente su política, tiende a empeorar, a deteriorarse. Si, en cambio, el Barça juega bien y gana títulos, las cosas funcionan con fluidez y Catalunya sale adelante. El Barça vendría a ser, pues, como la estatuilla de un monje que se cuelgan en los balcones de algunas casas. El religioso, con las montañas de Montserrat al fondo, informa, mediante el desplazamiento de su varilla, de si lloverá, soplará el viento o hará bueno.

Después del 2 a 8 contra el Bayern de Múnich y el burofax de Messi, las perspectivas generales de Catalunya, que no eran nada buenas, quizá empeorarán aún más. La pandemia del covid-19 se hace muy difícil de mantener a raya, la economía se acerca a un precipicio más que seguro y de la escena política es mejor no decir nada. Antes, en momentos de angustia, podíamos decir que, al menos, nos queda el Barça (el Barça de Messi). Ahora ni ese consuelo tenemos.

La acumulación de errores y la incompetencia de Josep Maria Bartomeu, su junta y el 'staff' que los rodean nos han traído hasta aquí. La manera de hacer se ha caracterizado por el tacticismo, por el ir saliendo del paso y la falta de valentía. El pecado original de todo ello radica en la falta de proyecto y la incapacidad de distinguir con nitidez lo realmente importante. Aquello que hace del Barça lo que es (o era), o sea, un club con una identidad fuerte, con personalidad, especial. Más que un club, si se quiere expresar de este modo.

Respeto a los socios y a los aficionados

Dicho esto, y dado que las cosas son como son y que parece imposible que Messi se eche atrás, hay que exigir que al menos a partir de ahora las cosas se hagan con la cabeza y con respecto a los socios y aficionados. Ellos, no sé si hay que recordarlo, son lo realmente importante. De hecho, esencialmente, ellos son el Barça.

Es por este motivo que el intercambio de burofax no puede ser el preludio de una larga e intrincada disputa entre el mejor jugador del mundo (para mí también de la historia) y el que ha sido prácticamente su único club. Este escenario sería horroroso y añadiría indignación a la indignación. Por lo tanto, lo que toca es que, de una vez, se produzca un diálogo constructivo y se acuerde una salida razonable y lo más elegante posible.

Incomprensiblemente -dadas las dimensiones de la organización-, la comunicación no ha sido, todo lo contrario, un punto fuerte de este presidente ni de esta junta. Sin embargo, Bartomeu está obligado -sí: obligado- a dar explicaciones a los socios y la afición. No puede escabullirse como a menudo ha intentado hacer. Esta vez, no. Tiene el deber, también el derecho, de ofrecer sus argumentos. Debe dar su versión sobre un proceso que ha arrastrado el equipo hasta la mediocridad, con el colofón humillante y determinante del partido contra el Bayern.

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También es necesario que Messi se despida de los culés. Y comparta con ellos los motivos de su decisión. Estoy convencido de que, si cuando se publiquen estas líneas no lo ha hecho aún, el mítico 'diez' del Barça lo hará. El adiós no será apoteósico, como siempre habíamos imaginado, pero no quiero ni pensar que Messi -20 de sus 33 años vistiendo la camiseta azulgrana- sea capaz, tenga la desfachatez, de despedirse a la francesa.

Salida pactada, explicaciones de uno y otro, adiós de Messi a la 'gent blaugrana'... Esto es lo que los manuales de gestión de crisis aconsejan. Pero desgraciadamente no basta con eso. Bartomeu, ante este Cafarnaúm, ha de prestar un último servicio al club y llamar a los socios a las urnas de manera inmediata. Y empezar una nueva etapa. Recomenzar. El nuevo presidente y la nueva junta deben poder comenzar a trabajar lo antes posible.

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Hoy por hoy el Barça tiene un entrenador que acaba de aterrizar y un equipo medio desmantelado. El presupuesto habrá que reformularlo de arriba a abajo. La situación económica derivada del covid-19 está abriendo un boquete terrible en las cuentas... Además, el Barça es una marca global que, a causa del 2-8 y sobre todo a la salida de Messi (que conlleva también menos ingresos), se ha devaluado fuertemente.

La situación límite obligará a los nuevos gestores, cuando estos lleguen, a, primero, cimentar la reconstrucción en los valores que definen la identidad del Barça y, segundo, a partir de estos valores generar unos objetivos y una estrategia para los próximos años. Sobrevivir después de Messi no será una labor fácil. La reconstrucción no será ni fácil ni rápida. El nuevo presidente y la nueva junta, eso sí, tendrán una ventaja a su favor. Cuando uno ha tocado fondo solamente puede mejorar.