25 oct 2020

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A TRAVÉS DE UN BUROFAX

Messi comunica al Barça que quiere irse ya

El delantero desea acogerse de forma unilateral a la cláusula para rescindir su contrato inmediatamente

El club ve caducada esa vía legal, pero Leo sostiene que es un ciclo cerrado y busca ahora nuevos aires

Marcos López / Joan Domènech

Messi quiere irse: el barcelonismo en shock / ZML

Echó el Barça a Luis Suárez el pasado lunes y 24 horas después Leo Messi envió un burofax al Barça comunicándole su deseo de ejecutar la cláusula que tenía en su contrato para abandonar inmediatamente el Camp Nou. Ha empezado la guerra, con un inesperado primer paso del astro, dolido como lleva, y desde hace muchos meses, con Josep Maria Bartomeu, el presidente a quien responsabiliza del declive deportivo del club.

Messi cree que le asiste la razón legal para dejar el club este verano y la junta le pide que siga

Si a su amigo Luis le anunció Koeman por teléfono que no entraba en sus planes, Messi eligió otra vía, tan impersonal y fría o más aún, al enviar ese documento a las oficinas del club, además de estar dispuesto a no presentarse el domingo en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí para iniciar la nueva temporada sometiéndose a las pruebas PCR. 

Messi se quiere ir. Si pudiera hoy mismo, pero no dependerá solo de él. Tras la "perplejidad" inicial al recibir esa burofax, anunciado previamente en TyC Sports, el Barça recordó que el capitán no se puede acoger a esa cláusula. Sostiene el club que "caducó el pasado 10 de junio", por lo que en una respuesta inmediata, a través también del burofax, le contestó diciéndole que desea que continúe y acabe su carrera deportiva.

Pero Messi no abandona su casa del Camp Nou porque hayan despedido a Suárez. No es solo eso. Ni mucho menos. La crisis es mucho más profunda, larvada en años de desencuentro con Bartomeu, el presidente que le firmó dos renovaciones. Una en el 2014, justo antes de ir al Mundial de Brasil, y otra, la última en julio del 2027, aunque la foto se acabó haciendo en noviembre, síntoma de la desconfianza que han mantenido el jugador hacia el dirigente. Y el 2-8 desnudó a todos.

Pensó en irse en dos ocasiones (2013 y 2016), pero se terminará marchando cuatro años después

Quique Setién, que está en su casa en el paro, a Eric Abidal, que dimitió al día siguiente de ser despedido el técnico cántabro, y a Messi, claro. Bartomeu giró el foco, de forma inmediata, hacia Koeman, algo más que un entrenador. El héroe de Wembley es un símbolo de un club que había perdido el rumbo, obligado ahora a reconstruir un equipo que quedó derruido en Lisboa.ejecutar su cláusula, dispuesto a irse, algo que no hizo en dos ocasiones.

Pensó en irse en el 2013, pero lo convenció entonces Tito. Pensó en irse en el 2016 al City de Guardiola, pero, finamente, se quedó. Ahora, en cambio, como ya le dijo a Koeman en su reunión estaba más fuera que dentro. Y él ya se ve fuera. Y está fuera.

JORDI COTRINA

El desprecio en el adiós a Suárez ha llenado de más razones al argentino

Messi, entretanto, asistía en silencio, en un peligroso silencio, al desmantelamiento de su Barça. No habló tras la mayor de las derrotas recibidas por el equipo. Ni tampoco en los días posteriores cuando el club, que temía desde hace tiempo una salida así, aunque no quizá por la vía del burofax, empezaba a diseñar el nuevo proyecto con Koeman.

La charla que mantuvo el técnico con el capitán el pasado jueves no sirvió para convencerle. Estaban solos. Cara a cara. Sin nadie del club. Aunque, en realidad, Messi llevaba ya meses viéndose más fuera que dentro del Barça.

"Ciclo cumplido"

Tenía la sensación, según personas cercanas a él, de "un ciclo cumplido". Sin vuelta atrás. Ni ganas para hacerla. Un par de palabras que le iban rondando desde hacia mucho tiempo, asistiendo en primera persona al desplome del equipo, incapaz de ganar nada esta temporada, lo que le emparentaba con los años finales de la autocomplacencia de Rijkaard en el 2008.

Ni siquiera él, castigado por el paso del tiempo (33 años, 16 temporadas a un nivel estratosférico) podía camuflar los errores que emitió el equipo en Roma, profundizó luego en Anfield y terminó estallando por los aires en Lisboa.

"Nuevos aires"

Ha visto Messi ninguneado a su mejor amigo de la plantilla y 24 horas más tarde enviaba el burofax para desvincularse del Barça, el club al que llegó cuando tenía 13 años. No había vestido ninguna otra camiseta en su carrera profesional y ahora libra un pulso descomunal con la junta. No quiere volver al Camp Nou aferrándose a que si no sigue el uruguayo, él tampoco. 

Enfrentado con la junta y con un equipo en decadencia, el aún capitán se irá sin despedirse del Camp Nou

Enfrentado con la junta, viviendo y sufriendo un equipo en decadencia en los tres últimos años (no supo detectar Leo esa tendencia como sí hicieron en su día Xavi, marchándose a Qatar, o Iniesta, en su viaje a Japón), Messi ha comprendido finalmente la necesidad de buscar "nuevos aires" en los días finales de su carrera deportiva huyendo de la ciudad a la que llegó cuando tenía 13 años.

Ya no tiene nada que lo una sentimentalmete al Camp Nou, el jardín donde levantó una carrera monumental y ahora le gustaría irse sin volver a pisarlo nunca más. Y en silencio, cerrado como está por la pandemia desde hace meses. Y deportivamente menos aún, considera porque tanta caída europea le ha terminado arrastrando a él, el líder del Barça.

El drama de Lisboa

Con esta medida, Jorge Messi, padre y agente del delantero, deberá ahora encontrar una salida contractual, convencidos como están ambos de que les asiste la razón a la espera de acogerse a esa cláusula. Pero el Barça reitera, una y otra vez, que ya caducó ese plazo. 

La estrella no lo ve así. Y quizá la última postal culé de Messi, el segundo jugador con más partidos en la historia del club (731), por detrás de Xavi, con el Barça sea la imagen de un drama. El drama de Lisboa que debería poner el punto y final de su vida culé. El mejor futbolista del mundo, dueño de seis Balones de Oro, poseedor de 10 Ligas y cuatro Champions, además de dos tripletes y un sextete, no quiere seguir en su casa.

Messi y Bartomeu, en la última renovación (noviembre 2017) / FC BARCELONA

"Tenemos triplete y tenemos tridente", presumía Bartomeu en las elecciones que ganó en el 2015. Ahora 0 títulos y tridente desmantelado

Él quiere irse libre; el Barça recuerda los 700 millones que fija su claúsula de rescisión. La figura de Bartomeu, ya debilitada por la salida de Neymar hace tres años, el origen de todo, queda ahora todavía bajo más  sospecha ante la batalla legal que le plantea Messi, retratando en el frío burofax la degradación de sus relaciones.

Ganó el dirigente las elecciones con un lema: triplete y tridente. Ahora se quedó con las manos vacías porque el Barça no ganó ni un título y el tridente ya no existe. Neymar se fue, Suárez es despedido y Messi envió un burofax para decir hasta luego. "Más allá de lo que diga un contrato, lo que siento yo por este club va más allá de cualquier firma y de cualquier papel", dijo en enero pasado al recibir el sexto Balón de Oro

Suárez, Neymar y Messi celebran un gol al Atlético de Madrid (enero 2015) / REUTERS / ALBERT GEA

"Más allá de lo que diga un contrato, lo que siento yo por este club va más allá de cualquier firma y de cualquier papel" (Messi, enero del 2020)

Pero ese mensaje también fue desoído por la junta, según sostiene el aún capitán del Barça. ¿Donde irá? Ese es el siguiente paso si logra desbloquear su salida. El Inter, donde la mejor fiscalidad italiana le favorece, el City, que ha estudiado desde hace semanas un plan económico para una operación de este nivel en la que le permitiría reencontrarse con Guardiola, y el PSG, donde se reuniría con su viejo amigo Ney. Al Barça ya no quiere volver.