01 nov 2020

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DEMASIADOS SILENCIOS CÓMPLICES

Leo Messi ni siquiera podrá despedirse del Barça.

REUTERS

Que lo sepan, se llama 'omertá'

Emilio Pérez de Rozas

¿Podemos contar cuál es el gran problema del choque de trenes que se está produciendo, perdón, que se ha producido, que está a punto de terminar con divorcio a lo bestia, en el Barça? ¿Lo podemos contar o preferimos seguir viviendo en Babia (según la RAE, "estar distraído y como ajeno a aquello de que se trata")? ¿Podemos? Va, lo intentamos.

Para mí, que poseo tantos ‘off the records’ que me da hasta asco confesarlo, el mayor problema es que de las idioteces y comportamientos descabellados de Josep María Bartomeu, toda su directiva y ejecutivos se sabe casi todo, mientras que del comportamiento de Leo Messi, a lo largo de casi dos décadas, en el vestuario, plantilla, oficinas del club y despachos de la Ciudad Deportiva ‘Joan Gamper’, no solo no se sabe nada, sino que se silencia todo.

Silencio complice

Se llama 'omertá', es decir, el código de honor (¡menudo honor!) de la mafia siciliana que prohíbe informar sobre las actividades del clan. Dejemos de vivir en Babia: si los que acompañaron durante estas dos décadas al ídolo azulgrana en las catacumbas de la Ciudad Deportiva (y no diré nombres, para qué ¿no?) contasen todo lo que saben, vieron, oyeron, sufrieron, padecieron y se tragaron, la imagen de ‘D10S’ sería otra. Y el conflicto actual, muy diferente. ¡Vaya que sí! Pero no lo han contado. Solo al Tata se le ocurrió un día decirle a Messi: "Sé que usted es Dios aquí y que, si usted quiere, mañana llama al presidente y yo estoy despedido al día siguiente, pero, por favor, no me lo demuestre cada día".

Y con eso juega Messi, con la 'omertá' del vestuario, uno de cuyos miembros más veteranos y destacados, uno que no se mueve de ahí, ni de día ni de noche, uno que los ha visto pasar a todos, a todos, me confesó ayer que "desaparecido Leo, seremos más libres y, créeme, más felices". Yo les entiendo a ustedes, culés empedernidos, pues ustedes no han sufrido a ese Messi, solo lo han disfrutado. Es más, lo han colocado en un altar y, desde ahí, les acaba de enviar un burofax ¡a ustedes!, ¡a ustedes!, dueños del club, nada de a ‘Barto’, que ya se está yendo, que está descontando, para decirles que con su pan se lo coman, pero que él se va.

Se van a enterar estos boludos

Y, qué curioso. No hace mucho nos preguntábamos hasta dónde llegaba el amor, el cariño, de Messi por el Barça: pues hasta la derrota final, hasta el 2-8 del Bayern, hasta que Ronald Koeman le ha dicho que se acabaron los privilegios, que él jugará donde quiera pero que "los otros diez los escojo yo". Y, encima, ha osado decirle a su amigo del alma ¡por teléfono! (eso sí que ha sido feo, ‘Tintín’), que se busque equipo. Y Leo, allá en su casa de la Cerdanya, donde compartía tertulias con el inteligentísimo Alba y el goleador uruguayo, ha llamado a papá y le ha dicho: "Hable con el abogado y que le envíe un fax a estos boludos. ¡Me voy mañana!".

En la primavera del 2018, España goleó (6-1) en un amistoso a la Argentina de Messi y, dos días después, algunos periodistas argentinos escribieron que Leo era "nocivo" para la albiceleste "pues solo quiere que jueguen sus amigos". Una cosa está clara, volviendo a la 'omertá': no se puede presidir un club, dirigir una entidad y gobernar un vestuario teniéndole miedo a un futbolista. Y el Barça, que ha sido feliz y campeón, glorioso e histórico, de la mano de Messi (y muchos otros, muchos), ha creado y tolerado el crecimiento de un monstruo que, al final, se ha creído con derecho de despedir, dilapidar, 20 años de historia por burofax.

¿Al City, gratis total?

Ni inyecciones de crecimiento a los 13 años ni contrato vitalicio a 50 millones de euros limpios por temporada. Ha visto que su imperio de la ley se acababa o podía tener ciertos límites y ha enviado un burofax. Puede, sí, no lo niego, de ‘Barto’ cabe esperarlo todo, que esta directiva esté frotándose las manos y aspire a vender a Messi por unos 225 millones de euros, que es lo que tienen proyectado sacar, sabedores de que la cláusula de 700 es imposible. Puede que dos jugadores del City, valorados en 50 millones cada uno, más 125 de cláusula, se considere un buen precio.

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Pero les voy a decir una última cosa: si todo esto acaba con Messi en el City (gratis), con lo que Pep Guardiola llegó a sufrir a Leo ("me voy porque, si me quedo, nos haremos daño"), es que todo el fútbol es pura 'omertá' e interés. El mejor futbolista del mundo junto al mejor entrenador del planeta, unidos el mismo año en que, los dos juntos, no suman ni un solo título. Tremendo.