El nuevo curso

Escuelas y covid: ¿dónde queda el debate sobre la educación?

Valoramos poco las consecuencias que puede tener para la infancia y la juventud la vivencia de meses sin clases presenciales y la posibilidad de que se repita la situación

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Talleres, en junio de este año, en la escuela Octavio Paz de Barcelona.

Talleres, en junio de este año, en la escuela Octavio Paz de Barcelona. / MANU MITRU

El mes de agosto nos ha traído la previsible polémica sobre la incorporación a la escuela en septiembre para el nuevo curso. El debate está centrado en cómo garantizar la seguridad de niñas y niños y adolescentes y -yo añadiría- la incertidumbre también del inicio de las universidades. Es muy importante, en términos de salud pública, qué puede pasar con el alumnado, pero también con el profesorado y con las familias a nivel de contagios y de extensión de la pandemia. Sin embargo, existen como mínimo dos aspectos más de gran relevancia que han sido mucho más invisibilizados; por un lado, el impacto del posible cierre de las escuelas o grupos de clase para las familias -especialmente para las madres- y sobre todo el debate alrededor del impacto educativo (no solo académico) para estas generaciones de niños y niñas y la vivencia de la pandemia.

Empezaremos por este último aspecto. El menos abordado. Sin querer restarle importancia a la necesaria seguridad, me parece sorprendente cómo estamos valorando tan poco las consecuencias que puede tener para esta infancia y juventud la vivencia pasada de los largos meses sin presencialidad y otras carencias en las escuelas e institutos del curso pasado y la posibilidad de que se repita la situación durante este próximo curso. Hablo de las consecuencias en términos formativos, sin duda, pero también de construcción de su vida social y afectiva, en términos sociales y de su salud mental. La escuela es uno de los agentes de socialización básicos para la infancia y la adolescencia. Además, es un espacio de 'homogeneización' de las diferencias sociales en muchos casos y de detección de problemas de salud, sociales, psicológicos, etcétera. Me sorprendre pues que prioricemos solo el foco del contagio tanto por parte del Departament d'Educació como por parte de las familias.

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Nuestras hijas e hijos están, ahora mismo, ante una incertidumbre absoluta no solo referente a la presencialidad en la escuela o instituto sino también en el seguimiento del curso en toda su extensión e integralidad. Estamos ante un estado de provisionalidad que, si bien no ha tocado más remedio que mantener en estos meses de primavera y confinamiento, no puede ser sostenible durante el próximo curso porque la vida sigue a pesar del covid y, por suerte y por desgracia, deberíamos poder comprometernos como sociedad a proporcionar un futuro a estas niñas y niños mínimamente sólido en todos los aspectos; no solo en términos de salud física.

Enlazando con el aspecto anterior tengo la intuición de que la invisibilización de la necesidad de la escuela (presencial o no) en toda su extensión tiene que ver, una vez más, con el implícito de que siempre habrá -principalmente- madres que asumirán las necesidades de niñas y niños a nivel educativo, social, emocional, psicológico que la escuela no haya podido asumir por 'culpa' del covid.  De nuevo desigualdades de género y sociales. De nuevo no priorizamos en la agenda todo aquello que sustenta la vida y es importante.