18 sep 2020

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Editorial

¿Por qué Catalunya crece menos?

En el 2019 el PIB catalán aumentó por segundo año menos que el madrileñoy que la media española

Vista aérea del Puerto de Barcelona, el pasado 20 de marzo.

Vista aérea del Puerto de Barcelona, el pasado 20 de marzo. / Europa Press / David Zorrakino

Por segundo año el PIB de la Comunidad de Madrid creció en el 2019 más que el catalán, colocándose así Madrid, con 239.878 millones, en el 19,3% del PIB español frente a los 236.739 millones de Catalunya, el 19%. El dato confirma un relativo estancamiento de la economía catalana ante el mayor dinamismo de Madrid. Desde el año 2000 la economía madrileña ha pasado de ser el 17,7% del PIB al 19,3% mientras que Catalunya apenas se ha movido del 18,9% al 19%.

¿Cuáles son las razones de este relativo declive? Indudablemente Madrid se beneficia del efecto de ser la capital de la cuarta economía de la UE, que le hace ser centro de atracción para buena parte de la inversión internacional. Y tampoco hay duda de que la mayor inversión del Estado y el déficit fiscal catalán tienen un papel relevante. Pero es evidente que el llamado ‘procés’, la inestabilidad generada por la fallida declaración de independencia del 2017 y la posterior ausencia de un gobierno fuerte y eficaz, han contribuido al sorpasso que ha tenido lugar en el 2018 y 2019.

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Se critica, con razón, el impulso centralista, pero la realidad es que el crecimiento del 2019 lo encabezó Navarra con el 2,8% seguida de Madrid (2,5) Valencia y Murcia (2,3), Andalucia (2,1%), Galicia y Euskadi (1,9) y Canarias y Catalunya (1,8). Es difícil acusar solo al centralismo cuando otras seis comunidades crecieron más que Catalunya y cuando el crecimiento catalán del 1,8% fue inferior a la media española del 2%.

¿Por qué Catalunya crece menos no sólo que Madrid sino que la media española? Es casi seguro que la inestabilidad política, mas una latente pulsión intervencionista, tienen mucha relación con el menor dinamismo. Y lo menos acertado para paliar el efecto capitalidad de Madrid fue intentar combatirlo generando inestabilidad. La respuesta adecuada habría sido influir al máximo en Madrid intentando hacer de Barcelona –como era el proyecto de Pasqual Maragall– la reconocida segunda capital de España. Ya la no participación en el Gobierno central, predicada por Jordi Pujol, fue un error. Luego el llamado ‘procés’ ha sido una respuesta equivocada y contraproducente. El éxodo de las sedes de grandes empresas catalanas no era un aviso a ningunear.

El último ejemplo de esta huida aislacionista –respecto a España y como consecuencia a Europa– lo tenemos en la ausencia del president Torra –que contrasta con la presencia del lendakari Urkullu- en la conferencia de presidentes del pasado viernes para discutir el reparto de los 140.000 millones del plan de recuperación europeo que corresponderán a España. El aislamiento catalán –disfrazado bastantes veces de independentismo con complejo de superioridad– es una mala medicina para afrontar los retos de una economía globalizada y de una Europa en la que los estados nacionales tienen un papel decisivo. Insistir en las injusticias, sin analizar nuestras insuficiencias y culpando de todos los males a causas externas, no es la correcta respuesta para enmendar el menor dinamismo.