10 ago 2020

Ir a contenido

LOS PRESOS DEL 1-O

El líder de ERC, Oriol Junqueras, este martes, ante la prisión de Lledoners.

EUROPA PRESS

Malas noticias, pésimas

Josep Martí Blanch

No es razonable que desde la propia justicia se siga embarrando un terreno de juego que ya está en muy malas condiciones

El azar que nos gobierna ha querido que estuviera almorzando con Quim Forn cuando ha recibido la llamada de su abogado, comunicándole que la jueza de vigilancia penitenciaria había aceptado las medidas cautelares solicitadas por la fiscalía en su recurso contra el tercer grado del que disfruta. Mensaje corto y al pie: debes volver a la cárcel de inmediato para permanecer en ella, como mínimo, hasta que la magistrada no resuelva el asunto definitivamente. Corto y cierro.

Es una pésima noticia para todos, no solo para Forn y el resto de condenados a los que se priva, aunque sea temporalmente, del tercer grado. Es una mala noticia para España y Catalunya porque sigue afianzando la tesis de que con los líderes del 'procés', y con todo el independentismo en general, la justicia ha decidido comportarse de un modo anómalo y excepcional y, en consecuencia, injusto. 

Lo es también porque embarra el terreno político en un momento en el que, a trancas y barrancas, se intenta sentar unas bases mínimas de diálogo que permitan, sino una salida, sí al menos una aproximación que encauce el conflicto en el medio y largo plazo. Y lo es también porque da satisfacción a los extremos abonados al cuanto peor mejor, que sueñan, es igual desde qué lado, con acabar consiguiendo una rendición sin condiciones del adversario. 

Cuando el entonces presidente en funciones del Gobierno español, Pedro Sánchez, dijo en RNE el pasado 6 de noviembre, que la Fiscalía obedecía órdenes del Gobierno, no atinó probablemente que en días como el de ayer el independentismo, al menos la parte del soberanismo que votó favorablemente su investidura está legitimada para mirarle directamente a los ojos e inquirirle: ¿Era esto el diálogo, Pedro? Como ven, malas noticias.

No es razonable que desde la propia justicia, estirando argumentos como quien estira un chicle, se siga embarrando un terreno de juego que ya está en muy malas condiciones. El actual Gobierno español debería dejar de esconderse en los tecnicismos jurídicos y, sin traspasar los límites de la separación de poderes, dejar clara cuál es su postura al respecto.

Insensatez del Supremo

Pero aun siendo difícil de entender la decisión de dejar en suspenso el tercer grado de los presos, lo cierto es que nadie puede competir en insensatez con el Tribunal Supremo, que es quien con su pronunciamiento previo de la semana pasada ha acabado teledirigiendo la mano de la jueza de asuntos penitenciarios.  

Su obsesión con que los presos sean reeducados antes de gozar de cualquier beneficio sería un chiste de mal gusto si no fuera por el poder que atesoran sus señorías y que les permite poner por escrito cualquier atropello sin que nadie pueda afearles una coma. Si no les condenaron por sus ideas, como defienden con tanta vehemencia los que firmaron la sentencia, ¿a qué vienen tantas monsergas sobre la reeducación? ¿Cómo se reeduca? ¿Trepanaciones? ¿Viendo 13TV sin descanso durante una semana seguida? Dejen, por favor, de poner palos en todas las ruedas que ven, incluso en aquellas que ya están paradas.