15 jul 2020

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EL ESCENARIO POLÍTICO

Pedro Sánchez e Inés Arrimadas, en una reunión en diciembre del 2019.

EFE / FERNANDO VILLAR

Reconstrucción en tiempos de politiquería

Olga Ruiz

Hay que ser muy optimista para creer que en este país hay voluntad política para reconstruir algo.  

El frentismo no construye, enfrenta. La politiquería no tiende puentes, los dinamita. No se puede reconstruir un país que ni siquiera es el mismo para todos.

El error está en el concepto, mal empezamos. La llamada reconstrucción nacional es una trampa de doble fondo. El concepto de nación lo carga -como poco- el diablo. Con él se inició el 'procés': no está de más recordar que la malograda reforma del Estatut d'Autonomia de Catalunya fue mutilada -entre otros puntos- por las referencias en su preámbulo a la realidad nacional catalana, a una Catalunya entendida como nación. El Tribunal Constitucional estimó que tales afirmaciones carecían de eficacia jurídica y el sentimiento nacionalista resurgió, transmutó y sigue condicionando la política catalana, 14 años después. De aquellos barros, estos lodos. Los partidos independentistas no quieren ni oír hablar de una nación que no sea la catalana.

A ERC, el Gobierno de Sánchez se lo ha puesto demasiado fácil. El extraño acercamiento al nuevo Ciudadanos de Inés Arrimadas es el ‘vade retro’ definitivo para los republicanos, conscientes de que cualquier acuerdo en el que también figuren los naranjas sería difícil de justificar en Catalunya, dónde coprotagonizan vodevil propio con Junts per Catalunya. Esquerra quiere negociar para acabar diciendo que no, se siente cómoda en el papel de formación dialogante sin que ello requiera llegar a acuerdos, pero no soporta que la ninguneen como ha sucedido en la negociación del decreto de nueva normalidad. Menos todavía si es para dialogar con el partido que más quebraderos de cabezas les ha traído en el Parlament en los últimos años.

El PSOE, mientras tanto, parece haber fagocitado al PSC y eso nunca puede ser una buena noticia. Los socialistas catalanes son el contrapunto necesario para evitar una recentralización de las políticas del partido y parecen andar de puntillas para no molestar desde hace un tiempo.                  

El Gobierno, mientras, mira a centro y derecha para buscar una unidad mínima. La imprescindible para conseguir una imagen de unidad vendible en Europa, por un lado, y otra de Sánchez como presidente-hombre de Estado por encima de las siglas. Intenta su propia reconstrucción esforzándose en llegar a acuerdos con los más interesados en su destrucción.

El PP de Casado ha entrado a degüello en todas y cada una de las decisiones del Gobierno durante los días más duros de esta crisis sanitaria, han cargado muertos directamente en la espalda de Sánchez. Quizás por eso cuesta imaginar que acuerden conclusiones de calado en la Comisión de la Reconstrucción Económica y Social especialmente si Unidas Podemos hace valer su papel en un Gobierno de coalición que a veces juega a no parecerlo.

La politiquería tendría un punto gracioso si no fuera porque lo que está en juego es nuestro pan, nuestro trabajo y nuestra casa. La pandemia se ha llevado también eso por delante.