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Pujol contra Pujol

Ha sido uno de los grandes políticos catalanes, pero limitado por su creencia en ser el legítimo jefe supremo

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Pujol contra Pujol

LEONARD BEARD

Jordi Pujol ha cumplido 90 años. Ha sido la ocasión de recordar al 'expresident'. Pujol es una figura muy compleja, poliédrica y discutida. Pero hay dos datos irrebatibles. Uno, que fue el primer presidente electo de la Generalitat restaurada y que ejerció durante 23 años ganando seis elecciones consecutivas. Además, tuvo un papel nada menor tanto en la estabilidad de España como en el consenso que hizo posible la Constitución democrática más longeva de nuestra historia. Pujol ha sido, pues, uno de los grandes políticos catalanes del siglo XX.

Pero quien se erigía al mismo tiempo en líder político y conciencia ética del catalanismo cayó a los infiernos en el 2014 -diez años después de dejar la política activa- con su famosa confesión. Luego varios casos judiciales han lanzado muchas sombras sobre la financiación de CDC y, más grave y escandaloso, sobre la fortuna de algunos de sus familiares. Esa fue la causa de que su partido le repudiara, cambiara el nombre para borrar su huella y esté ahora diluido en una confusa y heteróclita amalgama. Pujol ha acabado mal. Y no solo por asuntos patrimoniales sino porque su partido ha desaparecido. Le quedan, eso sí, muchos seguidores que le añoran y que valoran su papel histórico.

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La historia juzgará, pero Jordi Pujol tuvo un papel constructivo en la Catalunya y la España de la segunda mitad de siglo XX. Primero, porque desde el antifranquismo y luego desde la presidencia de la Generalitat fue clave en la reconstrucción del catalanismo y en la recuperación del autogobierno. Su obra es discutible, su papel en la recuperación de las instituciones catalanas, no.

Además, Pujol -junto a Roca Junyent- tuvo una influencia relevante tanto en la Constitución del 78, como en la consolidación democrática con su aportación a la gobernabilidad. Los críticos dicen que sacaba tajada y que su apoyo a la estabilidad en Madrid era a cambio de cesiones políticas. Sí, la excesiva enemistad entre los dos grandes partidos españoles fue rentable para una bisagra pragmática. Pero no fue su culpa, sino su oportunidad.

Pujol fue también desde siempre un convencido europeísta y como presidente del Comité de Regiones de Europa logró un reconocimiento de Catalunya que sus sucesores nacionalistas han dilapidado.

Era adepto a la 'realpolitik'. En sus discursos podía fantasear con mitos y leyendas -era un buen vendedor- pero en la práctica sabía que 'lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible'. Esa es una de sus claves.

Pero Pujol tiene su cara negativa. Quizás la principal sea su convicción de ser jefe de Catalunya por designio superior y su afán por la autoridad. Prenafeta cuenta que el primer día que entraron en la Generalitat, le dijo “Lluis, la Generalitat som tu i jo”. Traducción: “La Generalitat soc jo”. Recuerda el Luis XIV de “el Estado soy yo”. O al general de Gaulle, quien dijo a uno de los suyos desde el exilio de Londres: “Nous sommes la France”.

Pujol es un nacionalista radical (su utopía sería la independencia), pero nada dogmático sino muy pragmático. Por eso hizo un partido atrapa-todo, no alejado de la centralidad europea que conocía bien, que quiso atraer desde exalcaldes franquistas de 'seny' como Josep Gomis (luego 'conseller' a independentistas de 'pedra picada' como Miquel Sellarès o Max Cahner. Pero un partido atrapa-todo puede devenir una máquina con el único fin de conservar el poder. Y más si solo se prioriza la fidelidad al jefe. La única excepción -mientras duró- fue Miquel Roca.

Y una máquina de poder que se financia con complicidades e instalada en el tiempo largo tiende al caciquismo. Y más cuando algunos familiares, por el mero hecho de serlo, adquieren un rol político -o estratégico- desproporcionado. Ahí está el origen de lo que todo apunta a que son fortunas también desproporcionadas.

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Falta espacio para analizar su papel en la conversión al independentismo de gran parte del catalanismo. La jaleó algo -era parte de su mercado político y le gustaba- pero mientras fue 'president' nunca fue el eje de su política. Prefería el 'peix al cove'. Su sucesor y sus hijos, que habían luchado menos y saben menos historia, hicieron otra cosa. Y lo consintió. Pese a aquello de 'quién todo lo quiere, todo lo pierde'.

Desde el no pujolismo, creo que Pujol -le conocí en una reunión clandestina en 1970- ha sido un político de una agilidad e inteligencia extraordinaria. Con los errores de quien se cree jefe máximo y que, con dotes de cacique, condiciona a gran parte de un país sensible a las pingües ventajas de la cercanía del poder.