11 jul 2020

Ir a contenido

IDEAS

Llegada del poeta Josep Carner a Barcelona, el año 1970.

NICOLÁS G.

Josep Carner, medio siglo

Jordi Puntí

Este jueves se conmemoraron los 50 años de la muerte del poeta Josep Carner. En un callejón de Twitter, una docena de lectores discutían sobre su valía e influencia, inflamados como si estuvieran decidiendo el futuro de la humanidad. Uno decía que era el mejor poeta catalán, sin duda, y otro esgrimía la cursilería de llamarlo "el Príncipe de los poetas" —y que a Carner le gustara—; desde la revista digital 'La Lectora' pedían "un debate serio de ideas y lecturas" y alguien se quejaba de que los 'carnerianos' son de trato arisco.

El Any Carner se ha podido celebrar poco por el confinamiento, pero ha generado un montón de artículos sobre su vida y obra

El griterío civilizado hacía de banda sonora a un Any Carner que hasta ahora se ha podido celebrar poco, debido al confinamiento, pero que estos días ha generado un montón de artículos sobre su vida y obra. De hecho, se ha escrito más sobre sus días finales, con el retorno temporal a Catalunya, que no sobre sus libros. Hemos revivido las maniobras miserables del jurado del Premi d’Honor de les Lletres Catalanes para ignorar un poeta viejo y amnésico, que habría agradecido un reconocimiento final, y hemos recordado el resentimiento mezquino que Salvador Espriu sentía por los que habían marchado al exilio. De hecho, en el debate vivo que hoy suscita Carner, aquellos hechos lamentables son más bien una anécdota: lo que cuenta es la vigencia de su obra poética y, sobre todo, la posibilidad de leerlo a fondo y con perspectiva, en diálogo con otros autores europeos de su momento (hace poco también se ha recordado que Carner fue candidato al premio Nobel, con el apoyo de autores como T.S. Eliot, Mauriac o Ungaretti). Esta mirada, sobra decirlo, se enriquecerá aun más cuando llegue una edición nueva y portátil del volumen 'Poesia', de 1957, prevista para los próximos meses.

Pero Carner no es solo sus versos. En la revista 'L’Avenç' de este mes, Jaume Subirana repasa el perfil poliédrico de su obra como traductor, narrador, viajero, columnista... El Any Carner, pues, también debería recuperar y divulgar su articulismo —como se hizo en su día con Josep M. de Sagarra—. Quizá así entenderíamos aún mejor su relación con la lengua, el dominio del estilo y el léxico: dónde nace esa agudeza visual que a menudo nos deslumbra desde sus versos.