13 ago 2020

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Peccata minuta

Groucho Marx, con su característico bigote pintado y su puro en 1933. 

Groucho y Harpo

Joan Ollé

De sabios es rectificar, pero cuando ya se han jugado 'tots els papers de l'auca' siendo a la vez lo uno y su contrario, la cosa ya no debería colar

Para pasar un concepto por el polígrafo no hay nada mejor que confrontarlo con su etimología. El otro día, mi amigo Xavier Albertí me recordó que “ideología” significa, hablando en plata, “poner voz a lo que piensas”. Tan “ideológico”, pues, es soltar “prefiero las almejas a los berberechos” como “estás más bueno/a que el pan”; lo que pasa es que desde que retiraron latín y griego de las escuelas se ha ido reduciendo el campo semántico de esta palabra hasta jibarizarla a lo político.

Está bien que diferentes voces digan que quieren recuperar la pena de muerte o largarse de la porquería que les parece España sea como sea: son sinceros en sus odios. Los extremos se tocan porque ambos son pétreos, reiterativos, antidialécticos y saben a muerte lo que quieren: no hay manera de negociar con sus respectivos intangibles. Es en el espacio de los llamados centros donde más abunda el mercadeo persa: las ideologías de los profesionales centristas ya no son para nada la expresión verbal de sus deseos colectivos -y hoy pienso muy particularmente en Sánchez y Arrimadas- sino solo sondeo y compraventa de alfombras voladoras mientras abundan en gaseosas expresiones que no significan nada, como “Como no podría ser de otra manera”, muletilla que el virus ha consagrado. ¡Sí, y tanto que podría ser de otra manera!, pero nadie sabe ni contesta. No tienen ni la más pálida idea de lo que es tener una “ideo - logía”: no mentir. Mejor callados, como Harpo, que es cuando el espejo nos ve más guapos. Otra manera de ser marxista es no tener ninguna idea pero sí mucha lengua, como el gran Groucho.

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De sabios es rectificar, pero cuando ya se han jugado “tots els papers de l’auca” siendo a la vez lo uno y su contrario, la cosa ya no debería colar. Y, sin embargo, a la que se anuncian urnas acudimos a ellas alegre y amnésicamente dándonos una última oportunidad, y que gane el mal menor. Ya no hay mejores: huyeron por la puerta giratoria o la de incendios; nadie en hombros y por la grande.

Tal vez Julio Anguita haya sido nuestro último “ideólogo”: siempre habló como sentía, pinza al PSOE incluida.