Al contrataque

Me quedo en casa, si la tengo

Quedarte en casa puede ser aburrido o agobiante, pero si disfrutas de cierto bienestar el confinamiento será infinitamente más soportable que si vives en 50 metros cuadrados. O si no tienes casa

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A la izquierda de la deteriorada habitación, Joaquín, uno de los hermanos; a la derecha, Yolanda, su madrina.

A la izquierda de la deteriorada habitación, Joaquín, uno de los hermanos; a la derecha, Yolanda, su madrina. / MARTÍ FRADERA

Con espacio, luz natural, agua caliente, electricidad y calefacción. Con internet de alta velocidad, Netflix, series y pelis por ver y mil aparatitos para pasar el rato. Con estanterías llenas de libros. Con más habitaciones que personas viviendo en la casa para separarnos de aquellos con quienes convivimos cuando nos cansemos de estar acompañados. Con personas que nos quieren y cuidan.

Con un trabajo que puedes hacer desde casa o con uno fijo del que cueste mucho despedirte, con un buen rincón para parar el golpe, con segundas residencias a las que poder retirarte a pasar la cuarentena.

Quedarte en casa puede ser aburrido o agobiante y tocarte mucho las narices, pero si disfrutas de cierto bienestar el confinamiento será infinitamente más soportable que si eres una de esas personas que viven en pisos de cincuenta metros cuadrados en los que intentas pasar el menor tiempo posible para huir de la estrechez compartida. Hay miles de infraviviendas, bloques de pisos que alguien tuvo la genial idea de construir con techos más bajos porque para qué quieren los pobres más de cuatro dedos de aire por encima de sus cabezas? Así ganaban una planta. Paredes finas, sin balcones, vistas a plazas duras a las que no pueden salir a jugar los niños. Todos necesitan correr y saltar pero más aún cuando el salón de casa es una caja de cerillas con tele gigante, consuelo aspiracional pobres.

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Quedarte en casa con tu verdugo que puede estallar en un huracán de rabia y golpes por cualquier motivo, por el simple hecho de que respires. Niños que sufren violencia y que ya no pueden buscar un poquito de 'casa' en el comedor del colegio, los centros cívicos y las bibliotecas, que era para ellos un hogar alternativo donde estar cómodos, a resguardo y seguros, porque quedarse en casa (la real) era ponerse en peligro.

Y en fin, sea precaria o no, quedarnos en casa es una opción si tenemos una. ¿Qué pasará con todas esas personas que viven a la intemperie? ¿Qué pasará con los niños que tenían garantizada una comida al día con las becas de comedor? Con las actuales cifras de pobreza infantil, me habría gustado que las primeras medidas de urgencias anunciadas, aparte de las sanitarias, fueran en esta dirección.