El papel de las administraciones

Comunicar y gestionar la crisis del coronavirus

No parece que en las medidas de restricción de movimientos y confinamiento haya coordinación suficiente

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Fernando Simón, en una de sus comparecencias diarias en el ministerio de Sanidad para informar de la crisis del coronavirus.

Fernando Simón, en una de sus comparecencias diarias en el ministerio de Sanidad para informar de la crisis del coronavirus. / EFE / FERNANDO ALVARADO

Hasta hace solo unas horas, el Estado estaba haciendo una buena comunicación de la crisis del coronavirus (covid-19). De forma calmada y constante, han sido los expertos técnicos quienes han ido explicando con diligencia los datos que consideraban necesarios y las progresivas medidas que se iban tomando. Esta comunicación seguía los criterios recomendados por la gestión de crisis: informar sin alarmar, hacerlo a ritmo frecuente pero no sofocante, proveer a la ciudadanía de datos y explicaciones comprensibles, ofrecer una imagen de seguridad o disponer de infraestructuras adecuadas para dar respuesta a las dudas y peticiones de información, entre otros. Ahora bien, estas directrices son sobre la comunicación de la crisis, no sobre la gestión de la misma. No tenemos mucha información de las medidas que se estaban tomando a nivel interno ni en el Ministerio de Salud, ni en el Centro Nacional de Epidemiología ni en las respectivas administraciones.

En gestión de crisis separamos tres fases: la previsión, la prevención y la gestión. La mayoría de fenómenos son de difícil previsión, pero aquellos fenómenos nuevos, como lo es el covid-19, son de previsión prácticamente imposible. Ahora bien, las organizaciones internacionales y las administraciones de la mayoría de estados industrializados tienen mecanismos para detectar y localizar nuevas amenazas. Una vez China hubo detectado e informado de este nuevo virus, los demás estados del mundo pudieron empezar con las labores de prevención. La prevención en casos de epidemias no será nunca del 100% pero ayuda a disminuir el impacto de los posibles daños. En el caso español, de entrada, se optó por una gestión muy conservadora y prudente, reduciéndose a esperar a que el riesgo subiese de nivel y pasase a amenaza. El pasado domingo cientos de miles de mujeres salimos a las calles de las grandes ciudades sin ningún tipo de restricción. Las aglomeraciones eran mayoritarias y no hubo medidas concretas. Solo unas horas más tarde, el ministro Illa informó de medidas mucho más restrictivas y severas. Pasábamos de la prevención a la gestión de la crisis.

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Los retos inmediatos son: la coherencia, la transparencia y la proporcionalidad de las medidas de restricción de movimientos; las medidas sociales para acompañar las necesidades de la población; las medidas laborales para asegurar la protección de los derechos de los trabajadores; y las medidas económicas para asegurar o apoyar a autónomos, empresas y proyectos económicos en general.

Los ministerios de Salud y Trabajo han asegurado que se está trabajando en los detalles de las medidas de ayuda a trabajadores y empresas así que debemos esperar a conocerlas. Sin embargo, lo que no parece estar suficientemente coordinado por ahora son las medidas de restricción de movimientos y confinamiento. Las comunidades autónomas deben ofrecer las máximas facilidades para la coordinación entre administraciones. No es aceptable que el ministro desconozca los datos totales de enfermos o víctimas.  Los responsables políticos insisten en que todo está controlado y preparado y que no hay que caer en el alarmismo. De acuerdo, pero sigan informando.