31 oct 2020

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Análisis

Pancarta de la manifestación del 8-M en Barcelona.

El futuro del feminismo

Ana Bernal-Triviño

El enemigo es el patriarcado, el enemigo es la ultraderecha que nos ataca y eso nos debe hacer sumar

Ha pasado otro 8-M, diferente no solo por la ausencia de huelga, sino también por los días previos. Más de una compañera me preguntó: “¿Vas a ir a la manifestación?” Antes, ni siquiera nos hacíamos esa pregunta, dábamos por hecho que estaríamos. Donde antes teníamos una ilusión innata, este año teníamos compañeras con miedo a hablar, a ir a la manifestación o cansadas de debates y separaciones internas magnificadas. Aquel espíritu del 8-M de 2018 que nos hizo llorar a todas, uniendo todas nuestras diferencias en la denuncia común por las violencias que nos oprimen por ser mujeres... no he vuelto a sentirlo. 

Y por mi caso particular me da igual, sé por lo que estoy aquí. Pero tengo compañeras racializadas cansadas de que otras les llamen racistas o colonizadas porque ellas denuncian la ablación del clítoris, compañeras de países de mayoría islámica cansadas de que las llamen islamófobas por defender a las mujeres amenazadas por quitarse el velo, compañeras que fueron víctimas de trata acusadas en redes de putófobas… y más. Yo misma, pensé en no ir a este 8-M hasta que ocurre lo de siempre. Que el compromiso del feminismo va por encima de las disputas internas y que a las víctimas no te las puedes quitar de la cabeza. Hay que ir por las que no pueden y no están, como una obligación. Quizá, por eso, cada año soy más del 25-N por su capacidad de insistir en las condiciones de violencia.

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Estos días de conferencias y de preguntas y debates he visto algo muy claro. La cantidad de personas que se acercaron al feminismo en el 2018 pero que ahora están perdidas porque no conocen su agenda. Pensaban que el 8-M era algo divertido, de encontrarnos y hablar pero no… el feminismo es pelea, es lucha, es política, es agenda, es programa, es pensar en las víctimas, en las asesinadas, en las violadas, en escuchar historias horribles, en atender traumas, en reconocernos en nuestras experiencias, en cuestionar y reconocer diferencias pero sumar. Y es teoría, como cada movimiento lo tiene.

El feminismo no era solo aquello del 8-M de 2018. El feminismo tiene tres siglos de historia construido entre mujeres diversas pero que centraban sus reivindicaciones en la agenda común que nos ocupa: las opresiones que nos atraviesan alrededor del mundo por ser mujeres. A TODAS. Y estos días me preguntaban en esos debates que ahora habían descubierto que hay que formarse, que hay que leer para defender al movimiento desde dentro, para que nadie nos ataque, conociendo nuestro pasado para defender nuestro futuro. Solo así podremos defender la agenda de los derechos humanos de las mujeres, creando leyes que nos respalden a todas pero sin hacer concesiones en un buenismo que no nos corresponde, porque no hemos venido a agradar a quien ejerce la violencia contra nosotras o a quien venga sin respetar la agenda. El enemigo es el patriarcado, el enemigo es la ultraderecha que nos ataca y eso nos debe hacer sumar. Y si no tenemos claras nuestras bases, me temo que el 8-M termine por ser un espacio donde ya no se hable de nosotras, condenando así a las futuras generaciones a un camino sin rumbo.