Peccata minuta

Imaginación y poder

Sería delicioso que las máximas autoridades pronunciasen las palabras de aquellos 'graffitis' parisinos del 68. ¿Imaginan a Torra y Sánchez, en comparecencia conjunta, declarando que "El patriotismo es un egoísmo en masa"?

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Imagen de la mesa de diálogo Gobierno-Generalitat, con Pedro Sánchez y Quim Torra.

Imagen de la mesa de diálogo Gobierno-Generalitat, con Pedro Sánchez y Quim Torra. / DAVID CASTRO

La primera reunión entre el Gobierno español y un batiburrillo de variopintos personajes locales dejó un titular: “Buscar soluciones imaginativas”, fórmula magistral pronunciada por María Jesús Montero, ministra de Hacienda, como solución a la difícil cuadratura del círculo hispano-catalán. La primera solución imaginativa que le brindo es que, a través del buen hacer de su ministerio, procure que cualquier persona pueda llegar dignamente a final de mes y al final de sus días.

Montero, tal vez sin saberlo, ha reescrito en periódicos, canales de radio, televisión y redes lo que los obreros y estudiantes pijos del mayo de 1968 ya anotaron en los muros de París: “'L'imagination au pouvoir'!”. Ha tenido que transcurrir más de medio siglo para que esta consigna revolucionaria se hiciera realidad, y sea ahora el poder quien reclame “imaginación”, prima hermana de la “imagen”, ya que para imaginar debemos inaugurar imágenes aún inexistentes, como arrancar los adoquines callejeros no para lanzarlos contra el adversario, sino para disfrutar de las exóticas playas que, según aquel lejano mayo, se esconden bajo ellos.

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Ya abierta la veda, sería delicioso que las máximas autoridades fuesen llevándose a los labios las palabras de aquellos ya borrados 'graffitis' parisinos. ¿Imaginan, por ejemplo, a Torra y Sánchez, en comparecencia conjunta, declarando al alimón que “El patriotismo es un egoísmo en masa”? ¿O a Felipe VI soltando en su próximo mensaje navideño que “Todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”? ¿O a las compañeras de la CUP coreando asambleariamente "Tomémonos en serio la revolución, pero no nos tomemos en serio a nosotras mismas”? ¿O a Vicent Sanchis, entrevistado en su TV-3 por Cristina Puig: “¡La revolución nunca será televisada!”.

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El problema es que el independentismo, siguiendo las enseñanzas de sus muy imaginativos líderes, al asegurar que Europa y el cielo les esperaban con los brazos abiertos, se siente como en casa al amparo de algunos eslóganes/68 como “Prohibido prohibir”, “Mis deseos son la realidad”, “Seamos realistas: pidamos lo imposible” o “¡Acumulad rabia!”, imperativo categórico también celebradísimo por la otra cara de la falsa moneda.

Y, ya puestos, pasándonos mil pueblos, atrevámonos a imaginar, como en un 'happy ending' de Walt Disney, a los máximos dirigentes del planeta gritando ante los micrófonos aquellas palabras pintadas en la Facultad de Ciencias Políticas: “Decreto el estado de felicidad permanente”.