19 feb 2020

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Editorial

Presupuestos: tímido regreso a la normalidad

Hay que aplaudir que la política útil se imponga a la parálisis de la política de bloques

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El Periódico

Ada Colau y Ernes Maragall, tras la reunión para negociar los presupuestos de Barcelona, la semana pasada.

Ada Colau y Ernes Maragall, tras la reunión para negociar los presupuestos de Barcelona, la semana pasada. / MARTÍ FRADERA

Un clima de tímida normalidad empieza a extenderse a lado y lado de la plaza de Sant Jaume. ERC y ‘comuns’ están ultimando acuerdos presupuestarios tanto para el Ayuntamiento de Barcelona como para la Generalitat. Hay que aplaudir que la política útil se esté imponiendo a una parálisis administrativa, lo que solo repercute, al fin, en el bienestar de la ciudadanía.

El pacto para el presupuesto de Barcelona está prácticamente cerrado. Es relevante la actitud de Ernest Maragall que, a pesar de no haber podido gobernar la ciudad teniendo mayoría de votos, ha conducido a su partido a convertirse en el socio prioritario del gobierno municipal. A la espera de ultimar los detalles, el presupuesto denota ambición y un incuestionable carácter social de combate de la desigualdad. Por primera vez, se llegará a los 3.000 millones de euros y buena parte de ellos serán destinados a dos grandes retos del mandato: educación, sobre todo en la franja de 0 a 3 años y ocupación y formación profesional. También el acuerdo incide en vivienda frente climático. Si todo va según lo acordado, Barcelona volverá a aprobar las cuentas en votación. Situación que no se daba desde que Ada Colau asumió la alcaldía.

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El presupuesto municipal es importante, pero el partido se juega a tres bandas y tanto las cuentas de la Generalitat como las del Estado resultan de vital importancia para sacar adelante nuevos proyectos. Por ello, es una buena noticia que el apoyo de los ‘comuns’ a los presupuestos del Govern de Catalunya esté también llegando a buen puerto. Las negociaciones con ERC trazan un puente de entendimiento entre unos bloques ideológicos que las recientes dificultades políticas habían dinamitado. El papel bisagra de los ‘comuns’ parece reforzarse, así como la voluntad de ERC de alejarse de maximalismos que en nada contribuyen a la gobernabilidad ni a la convivencia. Si las negociaciones concluyen con éxito, en Madrid se habrá roto con la anomalía de seguir prorrogando unos Presupuestos antisociales aprobados por el PP.

Aunque el acuerdo de presupuesto de la Generalitat aún no está cerrado y no se conocen detalles, también parece responder a una voluntad expansiva y social. Sirva como botón de muestra el anuncio de que en este año 2020 se crearán 1.400 plazas más de atención primaria, una de las áreas más damnificadas y aún no revertidas desde la crisis. Aún es pronto para elucubrar sobre un posible apoyo de ERC a los Presupuestos Generales del Estado. Pero es indudable que hoy parecen darse mejores condiciones para afrontar un pacto que en la legislatura anterior. Vivienda, educación, sanidad, transporte, industria, medioambiente… son muchos los retos a abordar. Unir esfuerzos entre las fuerzas progresistas para sacar adelante presupuestos sociales no compromete las posturas particulares respecto a la cuestión nacional, pero revela un compromiso con el bienestar de la ciudadanía y un rechazo a ponerlo en riesgo por trifulcas partidistas. Al fin, el buen gobernante es aquel que es capaz de llegar a acuerdos y procurar por el bien común.