19 feb 2020

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UN NUEVO TIEMPO POLÍTICO

El triple desbloqueo presupuestario toma forma

ERC y los 'comuns' encarrilan las cuentas del Ayuntamiento de BCN y las de la Generalitat

Los republicanos esperan compromisos "de calado" para dar estabilidad a Sánchez

Daniel G. Sastre / Xabi Barrena / Toni Sust

Colau y Maragall dan por hecho el pacto sobre los presupuestos de Barcelona. / EUROPA PRESS

La difícil carambola que no pudo darse en el 2019 empieza a tomar forma. La aprobación de los presupuestos del 2020 de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona está encarrilada, y lo está gracias a un principio de acuerdo en el que los principales protagonistas son Esquerra Republicana y los 'comuns'. A los secundarios en esta historia, el PSC y JxCat, parece aguardarles un futuro antagónico. Los socialistas pasarán al primer plano cuando se aborde, en los próximos meses, la tercera pieza del puzle: los Presupuestos Generales del Estado; a los posconvergentes les cuesta ya ocultar la inquietud por si esta ola de pactos de izquierda es el anticipo de un nuevo tripartito en la Generalitat.

Tanto el Ayuntamiento como el Govern y el Ejecutivo central han vivido hasta ahora con las cuentas prorrogadas. Aunque el manual del buen gobierno dice que los presupuestos son la ley más importante del año, y que su aprobación es casi imprescindible para el día a día –de hecho, Pedro Sánchez convocó elecciones en febrero del 2019 tras no poder sacar adelante los suyos-, los catalanes se han acostumbrado a esta situación. La Generalitat no aprueba unas cuentas desde el 2017, cuando Carles Puigdemont convenció a la CUP para que le diera sus votos, y los últimos del Gobierno son los del 2018. En cuanto al Ayuntamiento, Colau ha recurrido en dos ocasiones a cuestiones de confianza para aprobar su principal instrumento de política económica, pero el equipo municipal no ha sacado adelante unas cuentas con acuerdo desde los del 2015, aún con Xavier Trias.

La investidura de Pedro Sánchez al frente de un gobierno de coalición con Podemos con la imprescindible abstención de Esquerra parece haber sido el desencadenante del desbloqueo. Ayer, con pocos minutos de diferencia, se conocía que tanto Ada Colau como Quim Torra –aunque en el caso del Govern se encargó de anunciarlo el 'vicepresident' y hombre fuerte de Esquerra, Pere Aragonès– están muy cerca de poder aprobar sus presupuestos.

Una foto siete meses después

Aragonès afirmó ayer que el pacto con los 'comuns' por los presupuestos de la Generalitat está «muy avanzado», y que su presentación pública es «inminente». Y la alcaldesa de Barcelona y Ernest Maragall se hicieron casi al mismo tiempo, apenas siete meses después de librar una batalla a cara de perro por la Alcaldía, la foto de un acuerdo que se presentaba difícil. JxCat, por boca de la presidenta de su grupo municipal, Elsa Artadi, se limitó de momento a subrayar la vinculación entre unas cuentas y otras. Tanto Colau como Maragall confiaron en que se acaben sumando al acuerdo.

Entre tanto, el PSOE espera contar con al menos los mismos apoyos de la investidura para aprobar los Presupuestos Generales del Estado del 2020. Los socialistas buscan que se extienda en el Congreso la filosofía que expresa Aitor Esteban, portavoz del PNV, uno de los partidos que propició la reelección de Sánchez: que no tendría sentido no dar ahora «estabilidad» al Gobierno después de haber permitido que se pusiera en marcha.

ERC cuenta con que el PSOE abra el melón presupuestario con cierta celeridad. Buena parte del trabajo, el acuerdo con Podemos, ya lo hicieron hace 10 meses, con motivo de las cuentas de Sánchez que no contaron con el apoyo de ERC. Además, si se negocia ahora con los republicanos, en los inicios de los trabajos de la mesa de diálogo para solucionar el conflicto político, se aleja el debate presupuestario de las posibles marejadas que eventuales desencuentros que los negociadores puedan tener.

La gestión de El Prat

Tras negarse a abordar los Presupuestos del Estado en la negociación de la investidura, los republicanos tratarán ahora de arrancar un compromiso simbólico de calado. Por ejemplo, la gestión del aeropuerto El Prat. Y, a la par, pretenden atar inversiones, sobre todo en infraestructuras, en el 'rere-país'.

En lo simbólico, y abierta esa pugna con los 'comuns' y Colau por capitanear la lucha contra la emergencia climática, los republicanos podrían hacer una fuerte apuesta por los ferrocarriles y, evidentemente, por las Rodalies de Barcelona cuya gestión la Generalitat ya tiene transferida.