20 feb 2020

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ANÁLISIS

Messi y Suárez celebran un gol en el Camp Nou.

JORDI COTRINA

Piensen en Messi y sean felices, dijo Valverde

Emilio Pérez de Rozas

Muchas veces, demasiadas, cuando éramos jóvenes y vivíamos situaciones incomprensibles respecto a comportamientos de amigos, colegas de pupitre, compañeros de universidad, del barrio, de Santes Creus, la tribu de la Ronda siempre acudíamos a papá para encontrar explicaciones a esas actitudes extrañas que nos habían sorprendido de alguien amigo, pero externo.
Y papá trataba de decirnos que cada uno tiene su personalidad, su forma de ser y que no todos podemos entender los comportamientos de los demás. No era una manera de justificarlos, ni mucho menos, pues él también solía aprovechar esos momentos para recordarnos, más a menudo de lo deseado, que tampoco nosotros, sus hijos, todos, chicas y chicos, habíamos tenido, en determinados momentos, comportamientos inmaculados con nuestros amigos, colegas y/o vecinos.

Los cajoncitos de la cabeza


Pero sí había una frase que servía de coletilla a papá para zanjar la explicación: «Además, Emilio, con tu cabeza es muy difícil entender ese comportamiento». No era, insisto, un elogio a cómo éramos nosotros, que también nos equivocábamos, era una manera de decir que cada mente, cada cerebro, cada personalidad, organiza los cajoncitos de su cabeza de la manera que quiere y, sobre todo, con la prioridad que considera oportuna. Y que, en efecto, aquello a lo que nosotros le dábamos un valor enorme, a otro le podía parecer, fuese hermano, amigo o compañero de aula, algo menor.

Con pocas ganas


Cuando veo a Ernesto Valverde, con pocas ganas de dar explicaciones en Barça TV, cuando intercambio cuatro palabras por teléfono o medio mensaje (ni siquiera uno entero) por whatsapp, no dejo de recordar la sentencia de papá. Porque, en efecto, con la mente del Txingurri es imposible, totalmente imposible, entender muchas de las cosas, críticas, comentarios, ataques, campañas y demás ruido que ocurren alrededor del banquillo azulgrana, del Barça, del vestuario, de la plantilla, del equipo, del juego, de los resultados.

No es que al técnico le resbalen todas las cosas. Su discurso en Barça TV fue cristalino. Nadie valora dos Ligas por ganarlas en abril y se perdió la Champions en cinco minutos de despiste 

No es que a Valverde le resbalen todas esas cosas, no, no, es que no las entiende y, si las comprende, es porque forman parte de su profesión, del sueldo. Su discurso en Barça TV ha sido cristalino. Uno, hemos ganado dos Ligas y nadie las valora, tal vez porque las ganamos fácilmente y en abril, cuando los hay (y muy grandes, mucho) que matarían por tenerlas en sus vitrinas. Dos, hemos perdido la Champions por cinco minutos de despiste. Y duele. Tanto, que hasta perdimos la final de Copa porque aún estábamos tocados. Y, tres, disfrutemos de lo que tenemos, que es mucho y grande, desde un club portentoso (y poderoso) hasta el mejor jugador del mundo, Leo Messi, que hace magia todos los días «haciendo, cada cinco minutos, el pase, la asistencia, el gol, que el resto de futbolistas del mundo hacíamos cada dos años».
Feliz Navidad y mejor 2020, vino a decir el míster azulgrana. Eso si, sin grandes aspavientos, claro. Era Ernesto Valverde, en estado puro. Es decir, sereno. ¿Feliz?, diría que sí. Sí.