03 abr 2020

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LIBERTAD CONDICIONAL

Greta Thunberg y la escapada del puente

Greta Thunberg y la escapada del puente

Lucía Etxebarria

Cuando usted lea esto será sábado o domingo y, como las noticias corren tan rápido, ya se habrá olvidado usted de la cumbre del clima y de la que se lió con Greta Thunberg. Que si sus padres la manipulan, que si se han hecho ricos con ella, que si tal y que si cual.

Yo no tengo coche, no como carne, nunca llevo ropa cara ni bolsos de piel, y me rodeo, en la esfera más íntima, de gente que vive como yo. Pero somos muy pocos. Sin embargo, en mi vida profesional, por lógica, tropiezo con mucho periodista, abogado/a, comunicador/a, profesor/a… Todos ellos muy bobos (por 'bohemian bourgeois', pero por lo otro también), muy hípsters, muy modernos, todos muy a favor del discurso de Greta.

Pero resulta que el día que usted me lee, si lo hace en domingo, es mi cumpleaños y, una vez más, no lo voy a poder celebrar en el día que toca porque todos mis conocidos, fans de Greta y muy solidarios con su postura y su discurso, se van de puente. Es decir, se van a un viaje de cuatro días en el que usarán coche y/o avión, se bañarán en una bañera enorme, comerán cuatro días en restaurantes, contaminarán y despilfarrarán recursos. Todo para volver agotados, probablemente más estresados aún de lo que se fueron, en muchas ocasiones tras pelearse con su pareja en la cola del aeropuerto… pero, eso sí, colgando unas fotos muy chulas en Instagram. 

Son de ese tipo de gente que cambia de ropa cada seis meses, de móvil cada año, de coche cada dos. Gente que come carne, aunque sepa de sobra que, según un reciente informe de la FAO, el sector ganadero genera un 18% más de CO2 que el sector del transporte.  Gente que viaja cada puente y cada temporada de vacaciones en avión, aunque sepa de sobra que el avión consume 391 gramos de dióxido de carbono por pasajero y kilómetro, 50 veces más que el tren. Gente que va en coche al trabajo, aunque podría ir en metro. Gente que en el restaurante o en casa tira la mitad de la comida del plato, aunque sepa que medio planeta se está muriendo de hambre, y que de nuestros abuelos (en mi caso, de mi madre) hemos aprendido que la comida se recicla. (Haga croquetas o lleve un táper al restaurante).

Si usted empieza 
a cambiar sus 
patrones de 
consumo, otros
le seguirán

Gente que me dice: «Sí, yo podría ir en transporte sostenible, pero si no paran las grandes corporaciones, lo que yo haga no sirve de nada» y se excusan en argumento porque así pueden seguir felices y autojustificados con su vida.

Pero las grandes corporaciones se mantienen porque usted consume. Si no cogiéramos aviones, no habría tantas compañías aéreas. Si no consumiéramos de forma tan desaforada no harían falta tantas fábricas y tantos vertidos tóxicos.

Peter Singer, quizá el filósofo contemporáneo más influyente, dice que el que los hechos de nuestras acciones apenas tengan repercusión no significa que no tengamos la obligación de actuar.

Y la psicología social añade algo más. Somos animales gregarios y por eso todos vivimos influenciados por las acciones de los demás. Por lo tanto, cuando actuamos, sentamos ejemplo. Y si no lo hacemos, también; para mal. Si usted empieza a cambiar sus patrones de consumo, otros le seguirán.

El cambio climático no es binario. No es sí o no. Va incrementándose en grados. Por lo tanto, cualquier pequeño gesto cuenta.

Cuanto más hagamos, más posibilidades habrá de que otros nos imiten, más posibilidades de que conservemos algo de la magnífica abundancia de la tierra.  Así que la cuestión no radica en si Greta está manipulada o si sus padres son ricos o si las grandes corporaciones esto y lo otro. La cuestión es: ¿Qué estás haciendo tú para detener el cambio climático?