24 oct 2020

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Cambio climático

Deshielo del glaciar de Perito Moreno, entre Chile y Argentina.

MARCOS BRINDICCI / REUTERS

Svalbard

Ricard Ustrell

No podemos entender el deshielo del permafrost solo como una transformación, sino también como expresión de la desigualdad

Svalbard es un conjunto de islas que pertenecen a Noruega. Es la zona poblada que está más al norte del mundo, donde está prohibido nacer y morir, se ven auroras boreales y destaca por tener el banco de semillas más grande del mundo. Svalbard también es donde más se nota el cambio climático.

Hace dos meses estuve allí. No solo era impactante ver cómo las tumbas del cementerio están saliendo a la superficie por el deshielo del permafrost -la capa de suelo que se mantiene por debajo del punto de congelación del agua-, sino también los efectos de las avalanchas, las casas desplazadas, los accidentes, y la presencia de osos polares que buscan comida en las zonas habitadas.

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Hay que añadirle el interés que está despertando la zona en los gobiernos. Han aparecido nuevas rutas en el Ártico por el deshielo que han hecho aumentar la presencia de barcos de Estados Unidos, Canadá o Rusia. Se calcula que bajo el suelo hay más de 47 billones de metros cúbicos de gas natural y 90.000 millones de barriles de petróleo. Y por eso las nuevas posibilidades de extracción de recursos ya están provocando una nueva guerra fría en el Ártico. Se vigilan entre ellos.

En la cumbre que ha comenzado en Madrid se tendría que hablar del Ártico. Hemos visto a diferentes jefes de Estado asumiendo que el planteamiento de la cumbre pasa por añadir 'gafas climáticas' en todas las áreas de los gobiernos. Pero esto también debería implicar la renuncia a la relación de dominación de los gobiernos hacia la gente y el paisaje. Svalbard lo expresa muy bien. Es un doble símbolo: resiste el deshielo pero también la desigualdad. Y es que el deshielo no lo podemos entender solo como una transformación sino también como expresión de la desigualdad. El cambio climático acentúa las diferencias entre los ricos y los pobres, entre los que viven en Svalbard y los barcos de Rusia o Estados Unidos que los rodean. Va de esto también la cumbre de Madrid, de cómo somos carroña y de cómo queremos dejar de serlo. ¿Lo entenderán?