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EL LABERINTO CATALÁN

El presidente del Parlament, Roger Torrent.

EFE / QUIQUE GARCÍA

El 'momentum' ERC

Gemma Ubasart

Rufián coincidió en campaña con Iglesias: este le pidió que hicieran fuerza juntos para atornillar a Sánchez a una mesa de diálogo

Roger Torrent asumió la presidencia del Parlament después de las elecciones del 21-D. Desde entonces, la vida del legislativo ha transcurrido en el perímetro de lo que ha ido indicando el Tribunal Constitucional (TC). Esta estrategia entronca claramente con la vía decidida por ERC cuando la respuesta represiva del Estado se recrudece con el encarcelamiento de los dirigentes independentistas.

Desde entonces, con distintos acentos e intensidades, se ha priorizado reforzar las instituciones catalanas, construir amplios consensos y mantener el objetivo independentista sin el corsé de fechas ilusas. El firme convencimiento de Torrent de dejarse guiar por los letrados parlamentarios pareció romperse con su cesión a llevar a pleno textos sobre los que el TC había alertado previamente. Ayer volvió a ser un día de astucias en la Ciutadella: cambiar el orden del día para poder discutir la moción de la CUP antes de que llegara la prohibición desde Madrid. A pesar de todo, el resultado final fue la no publicación del texto en el 'BOPC' ('Butlletí Oficial del Parlament de Catalunya') y la vuelta al carril de la normalidad. 

Este episodio dibuja muy bien las ambivalencias de ERC: tiene claro dónde quiere ir pero al transatlántico le cuesta virar. Los buenos resultados electorales, una organización ordenada, y el hecho de situarse en la centralidad política auguran un exitoso futuro para la formación de Oriol Junqueras. Espera tensa hasta las próximas elecciones catalanas donde todo indica que debería darse el inicio de una nueva etapa. Ahora bien, aunque la voluntad de los dirigentes del partido (así como de buena parte de catalanes) es construir un nuevo escenario, esto parece muy complicado si no se mueve nada en Madrid. Difícil construir futuro con presos y exiliados, difícil avanzar sin que se reconozca la existencia de un conflicto político que requiere de soluciones políticas. Difícil crear esperanza sin volver al punto de partida de Pedralbes. Lo vemos estos días en las calles y carreteras del país: el Tsunami y los CDR como expresión de la excepcionalidad en la que vivimos. 

Una partida clave

Este martes pasaron más cosas. PSOE y Podemos presentaron un preacuerdo de coalición. Aquello que parecía imposible devenía realidad. La tenacidad e inteligencia política de Pablo Iglesias, y la fragilidad de Pedro Sánchez post-10-N, abrían de nuevo el tablero de juego. Una partida aún por disputarse pero que va a ser central para el futuro de España y de Catalunya.

En estos momentos, existen dos escenarios posibles: que ERC tenga un papel decisivo en la nueva gobernabilidad, o que lo tenga Ciudadanos. En el primer caso se abriría la puerta a la consolidación de un proyecto progresista y plurinacional; en la segunda, la potencialidad transformadora (al ser más difícil ir a los problemas de fondo) se reduciría.

En política, las ventanas de oportunidad se aprovechan o se echan a perder. Para que no se repita la 'operación Valls', ERC debe adoptar un papel activo y propositivo. Condiciones: Iglesias las puso el 25 de julio, Gabriel Rufián puede hacer lo mismo con Pedralbes. Jugar rápido y con eficacia para desactivar al 'establishment' que ya se ha puesto en movimiento. Rufián coincidió en campaña con Iglesias: este le pidió que hicieran fuerza juntos para atornillar a Sánchez a una mesa de diálogo. Ha llegado el 'momentum' ERC.