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Vista del plató donde se celebrará el debate electoral en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid este lunes. 

EFE / ZIPI

El debate y el miedo al carajal del 11-N

Gemma Robles

El intento de seducir a millones de abstencionistas y el miedo a Vox arrastra ya a los candidatos al exceso

El PP calienta la jornada televisiva avisando a Sánchez de que le hará responsable de lo que pase con el Rey

Quedan unos días para el 10-N y cerca de dos millones de ciudadanos continúan sin tener claro a quién votar y si merece la pena hacerlo, después del fiasco de las últimas generales. Los españoles quisieron y exigieron en las urnas pactos el pasado abril, pero sus representantes no estuvieron a la altura. Los sondeos reflejan que la frustración ha calado hondo y que costará levantar del sofá el próximo domingo a miles y miles de decepcionados. Vox, rentabilizando según la demoscopia la ruidosa nostalgia de los franquistas y la temeraria imprudencia en y con Catalunya, se frota las manos. Claro. Sus apoyos no flaquean, crecen incluso a costa de un Albert Rivera hipotéticamente a la deriva y pueden salir muy beneficiados con la Ley D’hont si la abstención se hace fuerte.

Los candidatos aún pueden enfrentarse a esta apatía. Por delante un debate 'a cinco' para tratar de insuflar ánimo electoral. También allí tendrá por primera vez una oportunidad el ultra Santiago Abascal, hasta ahora dado a las hipérboles en contenido y a no deslumbrar con retórica. Pero la coincidencia de dicho debate este lunes con la visita de los Reyes a territorio catalán, y las arengas a movilizarse ante ello como protesta por la sentencia del 1-O, no invitan a pensar que la jornada será tranquila. Ni el intercambio dialéctico entre aspirantes, moderado. Y en el océano de los excesos, suelen pescar más y mejor los excesivos.

En la previa al esperado debate los ánimos, calentitos. Mientras algunos se encerraban a preparar la gran cita televisiva, otros como el popular Pablo Casado subía decibelios: llegó a advertir de que hará responsable a Pedro Sánchez de lo que pueda ocurrir durante la visita de Felipe VI a Barcelona. Es de suponer que si no sucede nada de enjundia, por la misma lógica correrá presto a dar las gracias. ¿O no? ¿O toca subir para forzar a que baje Vox?.¿Y que puede esperarse entonces de un Rivera a la desesperada? Se barrunta agitación antiabstencionista en torno a una ya más que agitada Catalunya.

Los nervios 

Sánchez por su parte compatibiliza su papel pesidencial en funciones –avisando por ejemplo de que si hay tentación de adulterar la jornada de reflexión o la electoral, se actuará por vía judicial- con su responsabilidad como aspirante del PSOE. Ambos factores marcarán su intervención en el 'cara a cara' con otros cuatro contrincantes que no se lo van a poner fácil a un socialista que no despega. Al menos eso dicen todas las encuestas (salvo el CIS), que le sitúan en números bien parecidos a los ya logrados en las generales de primavera.

Hay nervios en los del puño y la rosa ante la posibilidad de haber hecho un costosísimo viaje para llegar a un punto muerto. En Podemos se cruzan los dedos para que los sondeos sean realidad y ni Iñigo Errejón reste apenas ni haya sido muy costosa su polémica forma de negociar –o no negociar, según versiones- con los socialistas. Cs tira de fe más que de racionalidad y Vox lee y relee los sondeos entonando el 'Santa Rita, santa Rita'. El debate se prevé complejo, el 10-N explosivo y el día después… un carajal.